Alejandro Muñoz-Alonso | Lunes 12 de octubre de 2009
La muerte del cabo Cristo A. Cabello –que hace el número 88 de los militares españoles fallecidos por la causa afgana- ha reavivado el debate sobre la presencia española en aquella guerra. Lo cierto es que ese debate se está dando en todos los países que tienen allí contingentes militares, empezando por los EE UU. Con la diferencia de que aquí la política del Gobierno, instalado en la mentira como instrumento de poder, ha sido incapaz de informar a la opinión pública con un mínimo de sinceridad acerca de cuál es nuestra real misión allí, ocultando la realidad de la GUERRA que allí existe como hasta hace poco ocultaba la realidad de la CRISIS. La engañosa monserga de “la misión de paz” ha confundido a la parte de la opinión pública menos informada, incluidas las familias de los militares expedicionarios, como se ha visto en el caso del cabo Cabello. Braceando impotentes en el pantano de su irresponsable ignorancia, el presidente del Gobierno y su incompetente ministra de Defensa se preocupan más de mantener este engaño que de atender con eficacia a la seguridad de nuestros soldados. Desde hace más de dos años el PP viene advirtiendo, en el Congreso y en el Senado, que la zona de Afganistán donde están los españoles estaba en una situación de riesgo creciente y que eso exigía aumentar el contingente para que pudiera garantizar su seguridad por sí mismo, mejorar el material móvil retirando de una vez los BMR’s que nunca debieron ir allí y revisar los caveats o limitaciones que impiden a nuestros soldados responder e incluso anticiparse a los ataques de los talibanes. Todo ha sido inútil.
Esas limitaciones han impedido que sean los propios españoles quienes lleven a cabo la exigible represalia contra el “señor de la guerra” Ghulam Yahya y su gente, que son los asesinos de Cabello. El 3 de septiembre The Wall Street Journal dedicaba un largo artículo a este personaje, ex-alcalde de Herat, que se ha pasado a los talibanes hace poco más de un año y que hizo saber que su objetivo eran las fuerzas internacionales allí estacionadas. Han tenido que ser los americanos quienes se ocupen de la represalia, eliminando a Yahya. Por cierto que los americanos ya lo habían intentado en febrero y en agosto, en esta última ocasión con los italianos. ¿Por qué no los españoles? No cabe la menor duda de que a los militares españoles les habría gustado ser ellos quienes llevaran a cabo esa necesaria acción de guerra de aniquilación del enemigo. Pero Zapatero y la ministra de la mochila, empeñados en la desmilitarización de nuestras Fuerzas Armadas, prefieren dedicar sus esfuerzos a hacer de ellas unos estimables bomberos o una benéfica ONG (véanse los anuncios de televisión con motivo del 12 de octubre, ya sólo son Fuerzas, porque lo de “Armadas” les suena mal).
Algunos otros participantes en ISAF se preguntan en privado qué hacen allí los españoles. Hace sólo un par de semanas, varios senadores italianos, de visita en Madrid, me decían que sabían por los jefes de su contingente en Herat, del que depende el nuestro, que era muy difícil contar con los españoles para ciertas misiones por las limitaciones a que están sometidos. También hace muy poco un documentado artículo sobre la guerra de Afganistán de la revista Time relacionaba los efectivos de los principales países y ni siquiera citaba a los españoles. ¿Por qué? Seguramente porque sólo se ocupaba de los diez primeros países por el número de esos efectivos. El último era Rumania (21 millones y medio de habitantes) con 1.025 efectivos. Pero allí estaban Países Bajos (16 millones de habitantes) con 1.770 efectivos; Polonia (38 millones de habitantes) con 2.000 efectivos; Canadá (32 millones de habitantes) con 2.800 efectivos y, por supuesto, Italia, Francia, Alemania, Reino Unido (todos ellos con varios miles) y los Estados Unidos, con más de 60.000. España (que ya tiene 45 millones de habitantes) sumó recientemente a sus 700 efectivos, provisionalmente y como “batallón electoral” 500 más que regresarán aquí enseguida, según está previsto. A los 700 sí se sumarán los otros 220 que se acaban de anunciar. Nos quedaremos en unos 1.000, por detrás de Polonia que cada vez “nos moja más la oreja” en todos los foros internacionales. ¡Y Zapatero decía no hace tanto que, en economía, íbamos ya por delante de Italia y que ya íbamos a pasar e Francia…!
Cuando después de la vergonzosa espantada de Irak -que ninguno de estos países ha olvidado- se hacen unos esfuerzos tan medidos y escasos, ¿cómo quieren que se tome en serio a los españoles? Para que luego Zapatero y Moratinos nos hablen del peso de España en el mundo. Su felicidad no tiene límite porque hoy, ¡por fin! Zapatero ha entrado en una Casa Blanca “desinfectada” porque la ocupa Obama, el “nobelizado” buenista. ¿A quién engañan? A estos pacifistas de pacotilla se les podría aplicar un chiste que circulaba por Moscú en plena época soviética: “Moscú no iniciará nunca una guerra, pero haremos la paz con tanto ahínco que no quedará piedra sobre piedra”.
No hay espacio para ocuparnos aquí del interesante debate que está teniendo lugar en los Estados Unidos sobre Afganistán, y que pasa por la convicción de que Al Qaida que para ellos es el verdadero enemigo y no los talibanes, está en un mal momento en busca de financiación y de nuevos reclutas. Nadie, empezando por Obama, piensa en una retirada pero algunos dicen que para luchar contra Al Qaida no hacen falta más soldados y bastaría con operaciones especiales, sobre todo en Pakistán, y ataques de aviones no tripulados (drones). Algunos llegan a decir, a mi modo de ver erróneamente, que con los talibanes “moderados” (?) se podría alcanzar incluso algún acuerdo. Pero ya analizaremos esta cuestión en otro momento.
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