Opinión

Corea del Norte capital Pekín

Martes 13 de octubre de 2009
China recibía ayer a sendas delegaciones de Japón y Corea del Sur, con objeto de tratar el espinoso asunto de la situación norcoreana. Las continuas provocaciones del régimen de Pyongyang con sus ensayos nucleares y sus bravatas belicistas han originado una escalada de la tensión en la zona que no se vivía desde hace mucho. Y es que, a diferencia de Irán, que intenta camuflar su programa nuclear bajo excusas humanitarias y energéticas, Corea del Norte carece de rubor alguno al afirmar que el destino de sus pruebas es “defensivo y disuasorio”.

La práctica totalidad de países del mundo firmó en su momento el Protocolo de no Proliferación de Armas Nucleares. Corea del Norte también, pero se desdijo de lo firmado en 2003, y desde entonces sus amenazas no han cesado. Es además uno de los países más pobres del mundo. Su población sufre una hambruna sólo comparable a su falta de libertad. Además, desde hace más de medio siglo padecen una tiránica dictadura comunista presidida por Kim Jong Il, continuador de una fatídica saga familiar. Apenas se sabe nada de lo que sucede en Corea del Norte, ya que la censura es sumamente férrea.

Hasta el momento, pocas manifestaciones se han visto en el mundo para derrocar a un régimen totalitario y anacrónico. Su supervivencia depende en gran medida del apoyo que recibe de Rusia y fundamentalmente de China, quien veta sistemáticamente todas las resoluciones de condena de Naciones Unidas. Pekín teme que una apertura del régimen de Pyongyang cristalice en una desbandada generalizada de su población, quien no sólo emigraría hacia su vecino del sur, sino hacia la frontera china del norte. Además, Corea del Norte mantiene vivo un foco de tensión con Occidente muy del gusto del gobierno chino -y también ruso-. Pero ahora que China se ha convertido en la fábrica del mundo y que obtiene pingües beneficios de sus intercambios comerciales con el mundo capitalista, le corresponde adoptar una postura algo más responsable. Bien es verdad que ambos países tiene como denominador común una dictadura comunista que hace realmente difícil cualquier tipo de apertura pero, a día de hoy, tal cosa se antoja imprescindible. Ya es hora de que la libertad empiece abrirse camino por el paralelo 38.

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