Opinión

Zapatero perdona a Estados Unidos: Obama, entusiasmado

José Antonio Sentís | Martes 13 de octubre de 2009
La agenda de Obama es complicada. Además de las funciones (llevaderas y tranquilas, como todo el mundo sabe) en su cargo de presidente de la primera potencia del mundo, y comandante en jefe de sus ejércitos, debe sacar tiempo (mucho) para agradecer premios, sea el Nobel de la Paz o el de político más popular por el municipio alicantino de Albatera (que seguro que está pensando conceder).

Por eso es tan meritorio que haya dedicado media hora a nuestro presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero. Pero era una cuestión de justicia. Como cualquiera que oiga los medios públicos nacionales, Obama sabe que le debe mucho a Zapatero, pues éste pidió a los españoles que se preguntaran qué podían hacer por él. Y los españoles lo pensaron y se dijeron: apoyemos a este señor afro-asiático-americano (lo que el propio Obama llama negro, para resumir), gracias a lo cual la popularidad del mandatario estadounidense alcanzó una dimensión planetaria.

Pero el agradecimiento aún debe ser mayor por parte de Obama. Porque Zapatero no sólo perdonó a la institución presidencial americana, sino a Estados Unidos en su totalidad. Sin duda, por el buen sentido de los votantes americanos, al no apoyar a Bush (aunque no se presentara a las elecciones) sino al representante del Partido Demócrata.

Hay que decir que Obama, en el tiempo que tiene entre premio y premio, sabe que el mundo ha cambiado con el apoyo de Zapatero. De hecho, por él mismo estaba dispuesto a retirar las tropas americanas de Afganistán, pero el respaldo a esa acción bélica por parte de Zapatero le ha disuadido.

Obama, además, parece muy familiar y sensible. Y la declaración de amistad de Zapatero (hablando en nombre de los españoles) ha debido conmoverle. Además, claro, de enaltecer su ego, porque la declaración del Jefe del Gobierno español es inequívoca: antes de Obama, no éramos amigos de Estados Unidos. Ahora, con Obama, sí somos amigos. Cuidadito, señores americanos, que no se os ocurra votar a otro republicano.

Zapatero, pues, ha admitido en su grupo de “coleguis” a Obama, y ésa es la buena noticia. A partir de ahora, mantendremos una relación “entre iguales” (no se rían, lo ha dicho el PSOE). Y juntos vamos a luchar por la paz y la estabilidad en el mundo, que no para otra cosa sirven las guerras de los pacifistas. Y para el mejor reparto de la riqueza, que no piensan en otra cosa las economías capitalistas. Y para la Alianza de las Civilizaciones, que es la madre del cordero, y que se demostrará por la cariñosa relación que tendrán en un futuro las democracias occidentales con países tan amables como Irán.

Claro que lo que debe agradecer más Obama a Zapatero, además de por su definitivo perdón a la Guerra de Cuba, es por la renuncia de nuestro presidente al Nobel de la Paz, generosamente cedido al presidente estadounidense, muy necesitado de cariño internacional.
Aún queda mucho camino por recorrer. Hay que pensar una forma de que a Obama le den el premio Cervantes de Literatura, y el Príncipe de Asturias del Deporte. También se le puede hacer pregonero de las fiestas de León y fallera mayor de Valencia. En cuanto a la elevación a los altares, Zapatero aún no tiene mano, pero todo es proponérselo. Lo dice Blanca de Ugarte en EL IMPARCIAL: esta semana se aproximan Venus y Mercurio, una pálida metáfora de la media hora más importante de las últimas décadas de la Humanidad.

El encuentro en la Casa Blanca ha sido, insisto, de justicia. España ha hecho más libre, más presentable, más simpática y más popular a la Nación de Washington, Jefferson y, ¡cielos!, Bush. Estados Unidos puede levantar cabeza, tras un lustro sombrío. Ésa es la grandeza del perdón, y Zapatero ha sabido perdonar.

Postdata valenciana

Sin más datos de juicio que el lenguaje gestual de Ricardo Costa, el acosado número dos de Camps en Valencia, me parece inocente en todo menos de haber tenido la lengua demasiado suelta en sus conversaciones privadas con personajes de una trama que entonces no se conocía como tal, convenientemente aireadas con las escuchas de destrucción masiva tan queridas por algunos jueces, algunos policías y muchos adversarios políticos.

El asunto Costa apesta a obediencia debida en una red de amiguismo político-empresarial estéticamente impresentable pero, a estas alturas, penalmente dudosa.

Si me dicen que Costa se ha llevado un euro (sin hablar de regalos, que ahí casi nadie puede tirar la primera piedra) hoy por hoy no me lo creería. Y puedo estar equivocado. Pero Camps y Rajoy son muy libres para defenestrarlo, igual que lo nombraron. Incluso serían libres para defenestrarse a sí mismos, si les viniera en gana.

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