Miércoles 14 de octubre de 2009
Tras largos meses de espera, el acontecimiento interplanetario que había vaticinado Leire Pajín se cumplía ayer. Así, José Luís Rodríguez Zapatero (esta vez sin retratos de familia) era recibido en Washington por el presidente estadounidense, Barak Obama, poniendo fin a un largo período de desencuentros. En los cinco años largos que lleva Zapatero al frente del Gobierno, es la primera vez que el mandatario español realiza una visita oficial a Estados Unidos. Su gesto de no levantarse ante la bandera norteamericana, unido a su abrupta retirada de las tropas de Irak y sus continuas críticas a la administración Bush hicieron que las relaciones entre los dos países se enfriaran notablemente.
Conviene recordar que las relaciones diplomáticas son entre estados, no entre personas. Así debería haberlo entendido mucho antes el señor Zapatero, quien se ha permitido el lujo de ningunear a un aliado estratégico de la categoría de Estados Unidos, prefiriendo en cambio la compañía de “estadistas” tales como Evo Morales o Hugo Chávez. Es conocido el empeño de Moncloa en conseguir una reunión con Obama desde que éste ganó la presidencia de Estados Unidos. A nadie con nociones elementales de política internacional se le ocurre conceder vital importancia a tales encuentros. Ni antes con Bush ni ahora con Obama, es el encuentro lo que cabe exigirle al señor Zapatero. Lo que de verdad importa es tener una política de intereses clara y razonable y procurar hacérsela entender a nuestros aliados, sobre todo a los EE.UU. Y eso es precisamente lo que le falta al señor Zapatero. La razón es muy simple: ni entiende ni le interesa la política internacional. Lo que realmente importa a ojos de la Moncloa es el montaje mediático: la foto de presidente español junto al norteamericano. Cuenta más el titular de la cita que lo que en ella se tratase. Y eso es lo grave.
Cabría preguntarse si los esfuerzos diplomáticos españoles habrían sido igual de intensos de ser otro el inquilino de la Casa Blanca. Pero al menos ya hay un primer paso dado. Tropas en el extranjero, presos de Guantánamo, tren de alta velocidad y energías renovables son asuntos que bien debieron de haberse tratado hace ya tiempo. Con todo, nunca es tarde si la dicha es buena. Ahora sólo falta que la política exterior española comience a tener ese mínimo de coherencia, definición de intereses y sentido común del que hasta ahora ha carecido. Falta hace.
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