Opinión

Seis moralejas del caso Gürtel

David Ortega Gutiérrez | Miércoles 14 de octubre de 2009
Más allá de lo que a diario informan los periódicos del denominado caso Gürtel, cada uno por cierto desde sus propias simpatías o antipatías lo cual en determinados grados daña seriamente el importantísimo, en democracia, derecho a la información -art. 20.1.d) CE-, creo que al ciudadano le interesa algunas reflexiones de fondo sobre lo que está pasando estos últimos años con la política española, siendo el caso Gürtel un reflejo más de un problema lamentablemente de mayor calado. Las podríamos resumir en las siguientes seis moralejas:

1. Después de más de tres décadas de vivencia democrática en España, los partidos políticos tradicionales están dando claros síntomas de agotamiento en su funcionamiento y estructuras. De ello son muestra evidente los múltiples casos de escándalo con que cada semana nos sorprende uno u otro partido.

2. Aunque el ciudadano español percibe esto, las encuestas del CIS así lo demuestran (los políticos son considerados por los españoles como uno de los principales problemas que tenemos junto con la crisis, el terrorismo o la vivienda), a veces su excesiva ideologización hace que si es votante del PSOE vea en el PP todos los males aumentados, sin percibir las claras corrupciones en su partido, e igualmente sucede en el votante del PP respecto del PSOE.

3. Esta realidad de la miopía de las conocidas dos Españas es muy hábilmente manejada por ambos partidos, que tienen prácticamente preso a su electorado, pues a nivel nacional o votas PSOE o votas PP.

4. Este hecho tiene como consecuencia que ambos partidos navegan a sus anchas, ya que en el fondo saben que, hagan lo que hagan, ya lo estamos viendo, aplican el discurso de que el otro (PSOE o PP) es peor y ya está, pues su electorado más ideologizado vota más antiotro que por la ilusión que su partido le genere, todo ello hábilmente encauzado por los correlativos medios de comunicación afines a uno u otro partido, que se encargan del resto.

5. Este monopolio de la política española en manos exclusivas del PSOE y del PP y de sus medios afines, está haciendo un daño enorme a nuestra joven democracia y cada vez son más los ciudadanos que están hartos y cansados de tanta tomadura de pelo en nuestra vida pública. Tanto es el descaro del PSOE y del PP que a veces no tienen el más mínimo respeto por las Instituciones o los principales poderes públicos, pues dentro de su encarnizado enfrentamiento -con un nivel bajísimo de actitud democrática- se llevan por delante (deterioran pues) instituciones tan importantes en democracia como el Tribunal Constitucional, Consejo General del Poder Judicial, Fiscal General del Estado o incluso los propios Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado.

6. Ante esta descripción de la realidad que estimo bastante aproximada, tan sólo tenemos tres alternativas: a) Hacer algo muy propio del pueblo español que es protestar mucho y no hacer nada, por tanto, que las cosas sigan como están; b) Esperar algún cambio o evolución por parte del PSOE y del PP, sería algo ciertamente deseable pero que, hoy por hoy siendo realistas, no se percibe ningún atisbo de cambio o mejora, todo lo contrario; y c) Ponernos manos a la obra, no esperar a que nadie haga los deberes por nosotros, hacer democracia desde la sociedad civil, superar con trabajo, inteligencia, generosidad y perseverancia todos los obstáculos que sin duda nos van a poner y tratar de mejorar la actual situación.

Concluyo, hoy por hoy, únicamente Unión, Progreso y Democracia (UPyD) está trabajando en la línea correcta, con tesón, seriedad y una enorme generosidad frente a unas dificultades ciertamente enormes. Si no queremos más Gürtel o similares, es importante dar oportunidades a quien intenta traer aire fresco y abandonar partidos tradicionales que se muestran claramente inoperantes y carcomidos para el buen desarrollo de la democracia española. Sé que a los votantes fieles de los partidos tradicionales esto les costará, pero será cuestión de tiempo que poco a poco vayan abriendo los ojos y asumiendo la realidad política que tenemos, por cruda que ésta sea, y traten de actuar en consecuencia para, al menos, intentar cambiar las cosas.

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