Por primera vez desde el golpe de estado del pasado 28 de junio, los hondureños tomaron las calles de sus principales ciudades, abrazando una sola bandera y un mismo sentimiento: la alegría de que su selección de fútbol consiguiera el pase al Mundial de 2010.
“¡Vamos a Sur África!”, “¡Vamos al Mundial!”, esas eran las consignas que en la jornada de este jueves se apoderaron de las capitales de Honduras para celebrar la clasificación a
Sur África 2010. Tan sólo un 1-0 rompió la dinámica de una sociedad que desde hace algo más de tres meses estaba acostumbrada a enfrentarse en las calles y a convivir con la incertidumbre de un conflicto político, que cada vez deja de ser noticia para convertirse en una tediosa rutina.
Los hondureños, así como los diarios locales, dejaron en sus hogares las pancartas partidistas para sacar el blanco y el azul de la bandera nacional, y celebrar el retorno de Honduras a una cita mundialista tras 27 años de ausencia. Por lo que los zelayistas y los michelettistas no tenían cabida en un confeti que no estaba improvisado para la confrontación.
Tal euforia despertó el pase de Honduras al mundial del año que viene, que el encarnizado debate entre el
Gobierno de facto de Roberto Micheletti y el presidente destituido, Manuel Zelaya, pasó sin pena ni gloria por los medios de comunicación de circulación nacional. Tanto el diario Tribuna como El Heraldo de Honduras titularon con el triunfo de la selección ante El Salvador. Un verdadero analgésico que ha contribuido a aliviar la tensión de los últimos meses.
En medio de la resaca mundialista, la comisión de diálogo retomará este viernes las negociaciones para tratar de encausar el orden institucional en el país centroamericano antes de la
elecciones generales del 29 de noviembre, en un intento por romper con los augurios que indican que la solución a la crisis se terminará definiendo en las urnas.
No obstante, esto es lo que hoy menos le importa a los hondureños que aún disfrutan las mieles de una victoria que no celebraban desde 1981 cuando
clasificaron para España 82. Y es que la guerra entre Zelaya y Micheletti no le robará ese minuto de paz que la selección de fútbol les regaló con un marcador de 1-0. Un escenario curioso que el desaparecido Ryszard Kapuscinski quizá hubiese convertido en la segunda parte de su popular crónica
“La guerra del fútbol”.