conferencia de Maximiliano Fernández
Lunes 19 de octubre de 2009
Larra no se suicidó por amor ni por los problemas con la censura, ni siquiera por la lentitud de las reformas en España, sino que se quitó la vida porque no pudo soportar las críticas de los periódicos y de los políticos de su época, tras participar en las elecciones de 1836 con el partido moderado, a pesar de haberse declarado progresista y ajeno a la política.
Esta tesis sobre el suicidio de Larra fue defendida por el profesor y escritor Maximiliano Fernández en el Ateneo de Madrid el pasado miércoles, en el transcurso de una conferencia sobre las “Luces y sombras en la vida de Larra. Del éxito de la soledad”.
Fundamentó esta idea en algunas cartas y notas del escritor costumbrista en las que manifiesta que “no puede resistir más las calumnias y la infamia” (escrita el mismo día del pistoletazo) y que “la vida es a mi entender la primera arma que debe uno arrojar a sus enemigos”.
Maximiliano Fernández, reconoció que Fígaro fue un gran articulista de costumbres y crítico teatral, además de un escritor de considerable cultura, reformador convencido y pensador adelantado a su época, especialmente en el campo social.
Sin embargo, el autor de “Vuelva usted mañana” y “El castellano viejo” cayó en numerosas contradicciones y en la doble moral de criticar las malas costumbres al tiempo que él entraba en el juego de las influencias políticas para obtener un cargo de diputado por Ávila. Iincluso se autocensuró no criticando a los gubernamentales de Istúriz que apoyaban su candidatura por la provincia abulense, según Maximiliano Fernández, quien denunció asimismo el uso a su favor y en contra de otros candidatos del Boletín Oficial de la Provincia de Ávila, en manos del intendente Alfonso Carrero, tío de Dolores Armijo.
Maximiliano Fernández sostuvo, como muestra en su libro Larra en las elecciones de 1836. Cómplices y adversarios, publicado por la Fundación Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, que Larra no cumplía los requisitos para presentarse a diputado y que, tras su participación en las elecciones, cayó en el retraimiento social, político y literario, lo que le llevó a una cierta soledad, como mostró también el hecho de que, tras el suicidio, nadie reclamara su cadáver y se pensara en hacerle una entierro de misericordia, lo que finalmente fue impedido por la Juventud Literaria, que costeó el sepelio.
Fernández señaló también que el amor de Larra por Dolores Armijo no debió ser muy intenso, como muestra el hecho de que durante la estancia de su “amada” en Ávila sólo acudiera una vez a la ciudad amurallada y de que el interés inicial por la sobrina del intendente Carrero, reflejado en su correspondencia con las autoridades de Ávila, cediera enseguida al interés por la política y la consecución de su acta de diputado.
Al término de la conferencia, se registró un intenso debate entre el conferenciante y el presentador del acto, Jesús Miranda de Larra, descendiente del escritor, quien sostuvo principalmente que fueron más importantes las grandes obras de Larra que sus errores, que resulta difícil demostrar algunos de ellos y que no se autocensuró, sino que se vio obligado a no hablar de política por imposición del director de El Español, Andrés Borrego.
Ambos coincidieron en destacar la calidad de los artículos de Larra y su trascendencia en la historia del periodismo español.
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