Opinión

Vigencia de las teorías conspirativas

José Manuel Cuenca Toribio | Lunes 19 de octubre de 2009
Con el desarrollo de las organizaciones clandestinas y esotéricas desde la Ilustración, la teoría conspirativa de la Historia, de raíces sin duda acendradas, se impuso progresivamente en amplios círculos de un Occidente, paradójicamente, inserto en un progreso acelerado de participación política y libertad informativa. Los masones, los judíos, los comunistas y los servicios secretos más acreditados de grandes potencias como USA y Gran Bretaña o de la única democracia en el Próximo Oriente, Israel, encabezan sin disputa la extensa cadena de fuerzas ocultas que, a través de la edad contemporánea, jalonan la divulgada opinión del protagonismo descollante que, en el discurrir de las tres últimas centurias, han tenido dichos sectores en su configuración.

En la actualidad más candente, la de tres naciones como la nuestra, la británica y la norteamericana se encuentra remecida de fond à comble por los efectos quizás últimos pero en modo alguno “colaterales” de los dramáticos sucesos registrados en Estados Unidos el 11-S de 2001. Cualquier coyuntura es propicia para que los medios se enroquen en posiciones antagónicas acerca de los motivos más profundos de dicha tragedia y de todas las sobrevenidas después en su mismo surco –incluida, por supuesto, y muy peraltadamente, la española del 11-M de 2004-. La etapa auroral de Obama, la crepuscular del Laborismo de la “Tercera Vía” de Blair y Brown y la ya dilatada de Rodríguez Zapatero están presididas en amplia medida por la estela dejada por tan grandes efemérides y las líneas de fuerza de ellas surgidas, a la manera, por ejemplo, de las guerras de Irak y de Afganistán, de magnitud creciente.

Eventos de tal fulgor y trascendencia tenían que dar lugar a fortiori>/i> a una literatura de tan vasto como desigual material. Entre sus miríadas de títulos, no son, desde luego, los de temática “conspirativa” los que han conocido peor audiencia de público y, en no pocos casos, hasta de crítica… Se necesitaría toda una vida de bulimia lectora para dar cuenta y razón de sus títulos más renombrados. En tal imposibilidad, el articulista no vacilaría en elencar de la bibliografía, esto es, de la producción editorial con voluntad de un mínimo rigor, pasada ante sus ojos las obras de dos europeos: La CIA y el 11 de septiembre: el terrorismo internacional y el papel de los servicios secretos, del germano y ex ministro alemán Andreas von Vulgo, y La espantosa mentira, del francés Thierry Mecían, ambos convertidos al día siguiente de su aparición en envidiables best sellers, (con cifras de tirada –aclaración ociosa- inimaginables en España…). Los dos, con finura expositiva, vienen a concluir, como recordarán sus lectores, en una autoría intelectual distinta o, al menos, algo diferente a la comúnmente atribuida a los terroristas saudíes. El MOSSAD e, incluso, el mismo complejo financiero-castrense norteamericano estarían en la raíz última de la destrucción de las Torres Gemelas neoyorquinas por unos aviones que fueron dotados con armas dirigidas desde tierra… A escala casera, bien sabido es que un día sí y otro también no faltan voces contrarias a la versión oficial –y judicial- del atentado madrileño de 11 –M.

En los dos fatídicos 11 la singularidad de la situación estriba en la argumentación de una conspiración dentro de la conspiración, circunstancia que eleva el ya de por sí forzado diapasón de una teoría interpretativa que privilegia el revés sobre el envés, el underground sobre la superficie, la cara oculta sobre la realidad factual. Probablemente en muchos avatares y capítulos de la historia, el poder de los elementos y factores que circulan por su subterráneo haya sido y sea importante e, incluso, decisivo. Pero la obnuvilación en su influjo conduce, con mayor seguridad aún, a una atrofia de la responsabilidad colectiva y al astillamiento de los imprescindibles consensos sociales fraguados en una confianza mínima en las instituciones y poderes públicos.

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