Opinión

Luis Aguilé: un showman

Antonio D. Olano | Lunes 19 de octubre de 2009
César González Ruano, el gran César de la literatura española, calificó de “semana del duro” a la que sigue la desaparición de una figura importante. Quiso decir que, tras su muerte, le sigue un obituario en el que más ensalzarlo el que escribe hace panegírico de si mismo. De alguna manera lamenta no ser el muerto.

En este caso el objeto del dolor es un “Showman”: Luis Aguilé que ha sido elogiado y en un caso vilmente denostado en la suma de cánticos mortuorios. Felizmente y eso es lo importante no se le olvida ni su voz ya apagada, ni sus composiciones realmente geniales, dejaran que lo olvidemos nunca.

Polvo seré, más polvo enamorado… Ya han pasado los siete días, la semana del duro, dedicada a un hombre de genio e ingenio, a Luís Aguilé…Escritor, meditador, compositor, poeta, corazón grande. Fue, es y será, uno de esos regalos que nos hace La Argentina. Cantó, escribió, compuso, amó hasta el último momento de una vida que se le escapaba del pentagrama. Deprisa, deprisa, intensamente, porque sabía que se le escapaba su tiempo.

“Los amigos de Julio Camba”, de cuya tertulia mensual en el centenario “Ciriaco” él era integrante, le rinden homenaje desde la serenidad del tiempo ya transcurrido. Lo mismo harán los integrantes del “Club de la Boina” y de el “Foro de madrileños” de los que el “ciudadano Aguilé” era plato fuerte.

En estas tertulias, en el centenario de la Gran Vía madrileña, en el que participó apoyando la gran labor del maestro Alfredo Amestoy, se le recuerda los acordes de una de sus marchas triunfales, nunca de un réquiem al que él siempre se hubiese negado.

No fue, como emigrante, soldado de fortuna. Tuvimos la inmensa suerte de que fuese uno de los nuestros que ganó para España –su amor y también su otra nacionalidad- batallas en el mercado universal de la Cultura.

Hago un paréntesis en mi palabra escrita: en la “semana del duro”, que llamaba César González Ruano a los que se refieren a todas estas muertes. Alguien trató de difamarle.¡Cuidado con los mediocres envidiosos de la gloria ajena!

Los amigos madrileños en particular, españoles en general trataremos que se estrene “Viva la verbena” una zarzuela que escribió, musicó y dirigió Aguilé. Triunfó en Buenos Aires y en Miami. Todas las gestiones para que se estrenase en Madrid fueron inútiles Nuestras instituciones culturales, es un decir, están por otras tareas.

Verbigracia esos Juegos Olímpicos – no Olimpiada cultísimo señor Gala- que su no celebración costó seiscientos millones de euros a los empobrecidos españoles.

Concluyo. Viva eternamente Luis Aguilé y, en lo que se refiere al patio de Monipodio hispano, que siga viviendo la verbena.













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