Opinión

Los niños piratas o el chantaje al Gobierno

Alejandra Ruiz-Hermosilla | Miércoles 21 de octubre de 2009
Quien haya visto la versión cinematográfica de Peter Pan a cargo de Walt Disney y además haya leído el texto original del escocés James Matthew Barrie, entenderá a la perfección la diferencia entre los niños internados en España en los centros de protección de menores y los niños somalíes detenidos en el Índico mientras secuestraban, armados hasta los dientes, un barco pesquero con sus tripulantes a bordo.

Los niños perdidos de Disney y los de Barrie se parecen entre sí lo que un menor procedente de una familia desestructurada y con problemas, o sencillamente abandonado y bajo tutela de las autoridades españolas, a un menor desamparado en el violento cuerno de África y dedicado al abordaje y secuestro de buques, a la extorsión y el chantaje a los gobiernos de varios países desarrollados.

Por eso no se puede internar a un niño pirata somalí en un centro de protección de menores de la Comunidad de Madrid por muy menor que sea, de igual modo que no se encierra en un centro de internamiento a un niño desatendido. Pero en España, las cosas funcionan así incluso cuando ni siquiera se tiene la certeza de que el pirata sea de verdad menor de edad. El Ejecutivo de Rodríguez Zapatero, tanto en lo que al “Playa de Bakio” se refirió como en su estrategia actual frente al secuestro del “Alakrana”, interpreta el papel de Peter Pan en vez del de Capitán Garfio.

Sin duda, liderar a los dulces niños perdidos de Disney tiene mucha mejor prensa que tirarlos a los tiburones, aunque se los sustituya previamente por los de Barrie. Sin embargo, el Gobierno de un país democrático no debería dejarse engatusar ni por unos ni por otros, ni siquiera por la mayoría de los ciudadanos que sitúan, por encima de cualquier otro bien, la vida e integridad de los pescadores secuestrados en el Índico y que exigen que se pague el rescate, que se excarcele a los piratas detenidos, que se negocie y que se haga todo lo necesario para que la liberación se produzca deprisa y sin percances.

Es natural que los familiares de los secuestrados, que sus vecinos y todos sus compatriotas defiendan la cesión al chantaje pirata con el objetivo de recuperar sanas y salvas a las víctimas, pero los gobernantes tienen la obligación de pensar a largo plazo en el bien de todos los ciudadanos y no pecar de miopía y no ver más allá del caso concreto que hoy nos ocupa. La disposición de Rodríguez Zapatero a pagar el rescate que por el “Alakrana” nos demandan -más del triple de lo pagado por el “Playa de Bakio”- queda de manifiesto en la liberación de uno de los dos piratas detenidos y extraditados a España, una de las exigencias ante la que, con la excusa de la edad, hemos cedido.

Nunca se reconocerá públicamente, como no se ha reconocido el pago por la liberación del “Playa de Bakio”, pero se cederá al chantaje y todos celebraremos las vuelta de los pescadores del “Alakrana” a casa y luego todos lamentaremos un nuevo secuestro, que será más caro, más largo y más doloroso.

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