¿Siempre tuvo claro que su vida iba a estar dedicada a la arquitectura y a la escultura?Claro que no. Cuando eres muy joven no tienes definidas exactamente las profesiones, lo que sí sabía es que me encantaba lo referente al arte y a la zoología, es decir; la naturaleza y todo lo que fuera expresarme a partir del dibujo, la pintura, modelar cosas... eso si lo tenía muy claro.
En 1980, consiguió una beca de dibujante naturalista en las Islas Galápagos. ¿Cómo fue esa experiencia con lápices y papel vegetal?Había acabado arquitectura y me daba la sensación de que iba a integrarme demasiado rápido en el mundo laboral. Mis familiares son arquitectos, tenían estudios y me daba la sensación de que me había dejado muchas cosas a la hora de prepararme y de formarme, así que me inventé un poquito esto, lo solicité y me lo concedieron. Era una manera de escapar de la integración a la vida profesional. Fue fantástico, pero no llegué nunca a Galápagos; inventé un viaje tan extraño, que en vez de ir directamente, embarqué en un barco, fui hasta Sudamérica Curaçao, Aruba, luego entré en Venezuela... y por circunstancias acabé trabajando en una misión. Terminé en Amazonas y no llegué a Galápagos. De hecho a Galápagos he ido hace muy pocos años. La experiencia fenomenal, pero no como yo tenía previsto.
Ha vivido en París, Londres, Nueva York y, por supuesto, España. Pueden disfrutar de sus creaciones en Venezuela, Puerto Rico... ¿En qué ciudad crees que encajan mejor sus esculturas?Espero que en casi todas las que pueda. Y digo esto porque las esculturas que estoy haciendo últimamente o que me interesan mucho, que son esculturas de tipo monumental, tienen un gran impacto y no se puede hacer más de una o dos en cada ciudad. Yo mismo sé que estoy muy limitado y que una vez que una ciudad acoge una de mis grandes esculturas, es muy difícil que vuelva a repetirlo, por lo tanto necesito estar cambiando de cuidad, incluso de país.
¿Cómo se trabaja una escultura que, como la de Don Juan de Borbón, mide 16 metros y pesa 10 toneladas?Es muy fácil. La gente tiene la idea de que el trabajo de escultura tiene que ser complicadísimo, quizá porque ven la dificultad de trabajar los materiales, cuestiones de fundiciones, de moldeadores de estructuras... pero los comienzos son sencillísimos, son como un poema, es una cuestión de pura ilusión, un poco de inconsciencia y supongo que mucha capacidad para trabajar durante un tiempo. Se empieza haciendo unos pequeños bocetos, unas ideas y todo ello se va transformando poco a poco en pequeños modelitos, hasta que llega un momento en el que uno se encuentra caminando por encima de la escultura. Al final empieza a tener tantos metros que, cuando te das cuenta, aquello ha cogido una dimensión monumental. A mí eso me gusta porque significa construir, no quedarse únicamente en mis ideas, sino hacer algo que va a tener un impacto importante sobre su entorno, sobre la gente.
O sea, que cuando empieza una escultura no sabes lo que va a medir...Cuando uno hace una escultura tiene que saber dónde la va a poner, qué tamaño va a tener... Cuando realmente lo ves es cuando colocas una pequeña figurita junto al modelo que tú has hecho, ahí es cuando realmente te das cuenta de la dimensión que tú quieres que coja.
En 2006, se editó un catálogo titulado "¿Cuándo se acaba una obra?" que recogía una larga conversación entre Mario Vargas Llosa y usted ¿Qué cosas en común tienen un escultor y un escritor?Muchísimas. Cuando tuve esta conversación con él tenía una gran curiosidad por saber si lo que me pasa a mí a la hora de desarrollar una escultura o un proyecto es semejante a lo que le pasa a cualquier otro creador en otro ámbito. Es verdad que la literatura y la escultura tienen mucho que ver. El escritor proporciona sueños y el escultor los materializa. Pero en este proceso de crear me encontré con que los personajes de las novelas se estaban haciendo a sí mismos, algo que me pasa a mí con la escultura; cuando empiezo a modelar puedo tener una idea, pero la propia escultura, al ir haciéndola, me va abriendo nuevos caminos. ¿Realmente llegas a acabar una escultura como tú la habías previsto, o no? Es como si la novela, o la escultura cobraran vida propia en un momento dado y tú ya no les fueras necesario.
Entonces, qué es más difícil para un escultor ¿crear sueños o materializarlos?Materializarlos, sin duda. Un escultor tiene que hacer algo tangible.
Por lo que cuenta, puede empezar con una idea y terminar modelando otra bien distinta...Es una suerte cuando encuentras una idea y ves que tiene tanta fuerza y está tan definida que se mantiene hasta el final. Hay algunas esculturas en las que desde el boceto hasta la pieza final de 6 metros no hay ninguna diferencia. Pero lo normal es que sea más tortuoso el camino y que las cosas, al ir creciendo y viviendo en tu estudio, cambien muchísimo. A veces incluso un bailarín puede terminar siendo un diablo. Este proceso es más difícil para el escultor porque se ve sometido a algo que no puede controlar; tiene que dejar que su imaginación le guíe, pero a veces es tormentoso no saber a dónde le lleva ese camino, no saber si tendrá que destruir esa escultura o podrá terminarla.
Y usted, ¿has tenido que destruir muchas esculturas?Bastantes veces, muchas más de las que yo quisiera.
¿Hay que tener un punto de locura para ser artista?No. Yo creo que para ser escultor hay que tener un punto de cordura, tienes que ser capaz de atar todos tus desvaríos.
¿Qué ayuda más, su formación como escultor a la arquitectura o viceversa?Ahora mismo, viceversa. No es tan fácil dividir. Yo admiro mucho a los arquitectos, pero ahora mismo todo revierte en mis esculturas.
¿Le gusta que sus modelos sean actores?Me encanta. Hay que tener en cuenta que siempre tratas de transmitirle al modelo lo que quieres conseguir de la escultura. El modelo de un escultor no posa de manera estática... yo prefiero que se muevan por el estudio y, a medida que voy concretando la figura, les hago parar un poquito. Ahora bien, hay que tener la idea de lo que quieres de la escultura y tienes que transmitírsela; no vale con tener un determinado físico porque resulta que mucha gente no sabe cómo concentrar sus tensiones o cómo moverse. Pero los actores, e incluso los bailarines, sí tienen esa capacidad de coordinarlo todo. Saben que si no hay una total cohesión en la forma de expresarse el resultado no es real. De hecho, para mí el cine es una fuente de inspiración.
¿Por qué muchas de sus esculturas no tienen rostro? ¿Es por llevar la contraria?No sé por qué es. Muchas veces me han dado a entender que era porque me volcaba tanto en la personalidad o en los personajes que tenía que hacer, que cuando me dejaban a mí a solas en mi estudio lo primero que hacía era quitarles todos los aspectos de personalidad o de individualidad. Me vuelco tanto en el rostro, en las manos... que quizá cuando puedo enfrentarme a un pedazo de barro o a una estructura en mi estudio, lo primero que hago es suprimir e ir a cosas mucho más generales: hacia el cuerpo sin cabeza, los torsos...
¿El mejor vestido para una escultura es la desnudez? Para mi la desnudez es el mejor traje, es el único traje que llevamos en la vida continuamente.
¿Por eso desnudó usted al barón Thyssen-Bornemisza? Hay desnudeces que me han causado algunos problemas.
¿Se tiene usted merecido que nunca lo expusieran en el patio del museo?Efectivamente. Ya sé cuando hago la escultura lo difícil que es la desnudez. Pretendo incluso que las arrugas, la vejez, la carne no quiten absolutamente nada de la dignidad de la persona. Pero no siempre se interpreta así y a veces los personajes, y sobre todo los familiares o los allegados, suelen ver en la desnudez una forma de deterioro personal, del paso de tiempo, que no les gusta. No somos buenos críticos con las personas que queremos en ese tema. Yo tengo dificultades, y a veces tratan de ocultar mis desnudeces o de esconder la escultura...
Podemos ver sus esculturas por muchas ciudades de España; monumentos a Severo-Ochoa, Camilo José Cela, Goya... ¿A quien te gustaría esculpir y a quién no esculpiría nunca?Una de las cosas importantes para mi ha sido poder disfrutar de personas de las que no hubiera podido tener ningún contacto en la vida si no fuera a través de mi trabajo, con Ochoa, con Cela, con su Majestad el Rey... Las grandes personas dejan una huella importante en los que tienen trato con ellos. Me hubiera gustado hacer a un Gandhi, a un Mao, incluso algún boceto que hice del Papa Juan Pablo II. Me hubiera gustado tener la oportunidad de pillar algo para mí de todos estos personajes. Aunque yo considero que no soy juez de las personas, supongo que nunca querría trabajar con nadie que me inspire rechazo por lo que significa, lo que hace o lo que dice... esos personajes un poco malditos. Las grandes personas dejan huellas importantes en los escultores.
¿Cuáles son sus materiales preferidos y por qué?El barro y el bronce, este último en cuanto a metal fundido. El barro porque es lo básico y porque me gusta recordar lo que tenemos dentro de nuestra tradición religiosa, el hecho de la creación; un poco de barro con saliva, con lo que se creó al hombre. Eso me gusta porque a fin de cuentas yo trato a través de mis manos, y del sudor con el barro, darle un poco de vida porque es un material muy abundante, porque parece que el barro implica menos calidad material. Parece mentira que esa sustancia sea capaz de crear obras de arte. Y luego, el bronce o metal fundido porque perpetua un poquito el sueño. Cuando tú estás echando esa especie de magma en un crisol para volcarlo en tu escultura, te das cuenta de que ahí van muchos sueños materializados. Todo ese material ha sido antes barcos, campanas, cables... ha tenido otras vidas y tú lo que haces es recoger esas vidas y meterlas en la tuya.
Uno de los proyectos que ahora le ocupa es el Monumento en referencia al bicentenario de la Batalla de Bailén en Valdepeñas que se inaugurará el 6 de junio ¿Cómo plasma todos los elementos de una batalla en un monolito con una única figura? ¿Cómo se alcanza esa capacidad de síntesis?Los monumentos que hacen referencia a los hechos bélicos suelen ser complicados porque hay demasiados personajes y se acaban convirtiendo en una escenografía teatral, demasiado abigarrada de elementos. Yo he optado por lo contrario, crear un elemento muy simple con una figura que para mi tenga la sensación de un dolor, de escapar de un hecho que es la guerra, una batalla donde casi todo son pérdidas. Y luego a través de un dibujo tallado en el propio monolito, contar una serie de bocetos que yo realizo en tinta sobre papel con escenas de lo que para mí podría ser el recuerdo de esa batalla. No hago un relieve o unos dibujos acabados, sino al revés, son puros apuntes míos que gracias a unas nuevas técnicas, me permiten traspasar esas ideas, esos bocetos, a un elemento de metal. Es una cosa muy impactante, con un sentido dramático fuerte. Yo estoy entusiasmado con este proyecto; son casi 20 metros, con una combinación de la escultura y el monolito, y espero que sea una gran escultura y que refleje el hecho que se quiere conmemorar.