Cultura

España, en el escaparate de la arquitectura mundial, ¿gracias al talento extranjero?

el impacto mediático y el turismo

Viernes 23 de octubre de 2009
Muchos de los edificios más emblemáticos de España, de reciente construcción, no tienen firma española. La Torre Agbar de Barcelona, tres de los rascacielos del Business Area de Madrid o el futuro nuevo Camp Nou son obra de arquitectos extranjeros. Mientras un buen número de concursos públicos van a parar a manos de españoles, no ocurre lo mismo con los privados. “Se debe al efecto Guggenheim de Bilbao”, afirma categórico Carlos Rubio, coautor de la Torre Sacyr Vallehermoso de Madrid.


Proliferan las grandes construcciones en las ciudades españolas más importantes. Edificios originales, monumentos y estructuras urbanas engalanan Madrid, Barcelona, Valencia o Bilbao desde hace décadas. Sin embargo, los responsables de su diseño no son todos españoles. Desde hace unos años, la tendencia viene marcada por la contratación a extranjeros. Pero, ¿por qué?

El Museo Guggenheim de Bilbao, de Frank Ghery

Tres de los proyectos del parque empresarial de Madrid de las Torres Business Area han sido concedidos a arquitectos foráneos: la Torre Caja Madrid, al laureado Norman Foster; la Torre Cristal, al argentino César Pelli; y la Torre Espacio, al canadiense Henry N.Cobb. Sólo uno de ellos, la Torre Sacyr Vallehermoso, ha sido firmado por españoles. Carlos Rubio, uno de los arquitectos respondable de este rascacielos junto a Enrique Álvarez Sala, afirma que su edificio ha tenido una “gran acogida”, lo que confirma que los españoles también “pueden hacer un buen trabajo”.

Hay más ejemplos. El francés Jean Nouvel ha diseñado la Torre Agbar de Barcelona; los estadounidenses Philip Johnson y John Burgee, las Torres Kio de Madrid; los suizos Herzog & de Meuron –autores “El nido” de Pekín-, la sede de CaixaForum de Madrid; y el francés Dominique Perrault, la Caja Mágica de la capital. Aunque no todos tienen nombres impronunciables y el resultado es igual de bueno. Basta nombrar la Torre Mapfre de Barcelona, obra de Íñigo Ortiz y Enrique León; el Gran Hotel Bali de Benidorm, de Antonio Escario; y el MUSAC, de Emilio Tuñón y Luis M. Mansilla, quienes también han diseñado el futuro Centro Internacional de Convenciones de Madrid.

Cuatro Torres Business Madrid


Son varios los extranjeros que suman más de un proyecto completado o pendiente de inaugurar en España. Es el caso del argentino César Pelli, quien después del rascacielos del Business Area de Madrid ha proyectado el diseño de la Torre Cajasol de Sevilla y la de Iberdrola en Bilbao. También lo hace Norman Foster. El británico suma seis proyectos, de los que cuatro están completados: la Torre Caja Madrid, el Metro de Bilbao, el Palacio de Congresos de Valencia y la Torre de Collserola de Barcelona. Faltan la ampliación del Camp Nou de Barcelona y el Museo de la Aviación de Getafe. Además, está inmerso en el nuevo Campus de la Justicia de Madrid, donde se le ha asignado el diseño del Tribunal Superior de Justicia de Madrid y la Audiencia Provincial. Compartirá espacio con otros diez edificios, de los que siete serán responsabilidad de españoles.

Pero no es una tendencia que abunde. Carlos Rubio afirma que confiar proyectos a nombres conocidos responde a un interés "ya sea porque transmiten más garantía o porque el impacto mediático es mayor". Para explicarlo, el arquitecto cita el Museo Guggenheim, diseñado por Frank Ghery, como precedente indiscutible de esta "moda".

A juicio de este experto, “el inicio de toda esta corriente hay que buscarlo en el Guggenheim, que tuvo un éxito arrollador y situó a Bilbao en el mapa del mundo”. Con la idea de potenciar el turismo con un edificio emblemático de referencia internacional, ayuntamientos y comunidades autónomas han concedido proyectos a nombres relevantes de esta disciplina. Sin embargo, según Rubio, “la Administración y las empresas han cometido un error al contagiarse del efecto Guggenheim”. El arquitecto argumenta su afirmación en el “evidente” talento de la arquitectura española y en que si se apuesta por lo de aquí “también se puede acertar”. El porte de edificios como el Hotel Vela de Barcelona –de Ricardo Bofill-, la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia –de Santiago Calatrava- o el Palacio Kursaal de San Sebastián –de Rafael Moneo-, lo confirman. Además, sostiene que la contratación de arquitectos extranjeros tiene un problema añadido: “Cobran más”.

Kursaal de San Sebastián, de Rafael Moneo

Pese a que una de las aspiraciones de todo arquitecto es darse a conocer en su país, la proyección internacional es fundamental. Calatrava, Moneo, Lamela o Bofill han dejado su impronta en estructuras y edificios de medio mundo. Pero no es fácil. Según Rubio, las subvenciones escasean. “No hay ayudas en absoluto”, sentencia.

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