Crítica de cine
Sábado 24 de octubre de 2009
Yellow Bird, la productora especializada en adaptar relatos policíacos al cine y televisión que tiene por lema: “Convertimos en taquillazas los éxitos editoriales”, fue la que en 2003 compró los derechos de las novelas de Stieg Larsson cuando éstas aún no apuntaban el gran fenómeno internacional en el que pocos años más tarde se han convertido.
Yellow Bird, la productora especializada en adaptar relatos policíacos al cine y televisión que tiene por lema: “Convertimos en taquillazas los éxitos editoriales”, fue la que en 2003 compró los derechos de las novelas de Stieg Larsson cuando éstas aún no apuntaban el gran fenómeno internacional en el que pocos años más tarde se han convertido. Los 67 millones de euros que lleva recaudados la cinta que adaptaba “Los hombres que no amaban a las mujeres”, 9,5 de ellos sólo en España, y aún pendiente de estrenarse en países tan importantes para la industria del cine como Estados Unidos, Gran Bretaña o México, son la mejor señal de que el productor S?ren Staermose y Yellow Bird supieron reconocer de inmediato un estupendo filón y demostrar que su lema es algo más que una frase. De hecho, aunque la primera se rodó, desde el principio, con el objetivo de ser proyectada en las salas de cine, tanto la adaptación de la segunda como la de la tercera estaban pensadas para emitirse con el formato de miniserie en la televisión, pero su presentación en Cannes desbordó incluso las predicciones optimistas de la productora, que decidió enseguida que todas tuvieran su estreno en la gran pantalla.
De modo que podría pensarse que la única diferencia con respecto a la primera entrega de la saga MIllennium radica en el cambio del director que en esta ocasión se ha puesto detrás de la cámara, el sueco Daniel Alfredson, nada conocido en nuestro país, pero que ya cuenta con una obra que incluye siete películas y varias miniseries de televisión. Seguramente, sobre el papel así sea, pero a nadie se le escapa que un cambio tan importante como es el del realizador iba a quedarse sólo en la aparición de un nombre distinto en los créditos, sino, muy al contrario, que podía afectar de modo radical en el resultado final. Y vaya si lo hace. Si la primera entrega fue capaz de convencer, hasta al más descreído, de que las adaptaciones cinematográficas, a veces, consiguen atrapar la esencia más profunda de los personajes y de la trama, la segunda acaba de llegar a nuestros cines para devolvernos a la cruda realidad. Por eso, que nadie espere encontrar en el metraje aquello que tanto le enganchó en las páginas de la voluminosa segunda novela del malogrado Larsson.
Una desgracia, sin duda, para los millones de fans de Millenium en todo el mundo, que pueden tranquilamente prescindir de ir al cine evitándose así el disgusto de no encontrar ni la garra ni la complejidad de la historia que, en relación a la trata de blancas, sirvió a Larsson para seguir profundizando en el oscuro pasado de su genial protagonista. Y si en “Los hombres que no amaban a las mujeres” daba la impresión de que la desconocida actriz Noomi Rapace había salido directamente de entre las paginas del libro para interpretar a una Lisbeth Salander a la que no se podía poner ni una pega, en esta nueva entrega la volvemos a encontrar, pero nos topamos con ella sin poder evitar la impresión de que, a pesar de seguir con su venganza y su fatal huida de una sociedad que la rechaza, una autentica outsider sin matices, aquí, y desde los primeros minutos de la cinta, nos parece que ha perdido mucho de aquella brutal individualidad y extravagancia que conquistó, primero a los lectores y más tarde a los espectadores. Y, por supuesto, tampoco Michael Nyqvist, al que ya en la primera eclipsaba en parte su compañera de reparto, logra salir de esa rigidez que un descuidado guión, que falla radicalmente a la hora de elegir los momentos fundamentales de la obra que pretende adaptar, imprime a todo el trabajo.
TEMAS RELACIONADOS: