En la localidad asturiana de Grado funciona desde hace unos meses una glorieta distinta; o ligeramente distinta. No es una invención de los responsables del tráfico en la villa asturiana, pues se trata de copiar un diseño que se utiliza en Holanda y en Dinamarca en algunas de sus rotondas (no en todas). Aun es pronto para saber el resultado de este experimento, aunque la mayoría de los vecinos dicen que el tráfico no ha cambiado sensiblemente y que hay que esperar a que los automovilistas se acostumbren a la nueva disposición.
Básicamente consiste en que el tráfico se ordena ANTES de la entrada en la glorieta, por lo que ya no se producen cambios de carril en la zona circular, sino en la zona previa. El huevo de Colón. La fluidez en la zona curva es ligeramente mayor, pero en la zona previa, en las vías rectas antes de la intersección, se ha ralentizado.
Todo el problema de la fluidez del tráfico estriba precisamente en los cambios de carril. Si todos los coches circulasen sin cambiar de carril y a la misma velocidad, tendríamos un flujo homogéneo; pero el tráfico incluye cambios de trayectorias y adelantamientos que obligan a cambiar de carril y aquí surgen los problemas.
La rotonda no es sino un intercambiador de carriles; un distribuidor de flujos y por tanto, un punto de conflictos que se resuelven otorgando prioridades. Lamentablemente, para que la cosa funcione mejor, debe darse prioridad a quien ya se encuentra en la rotonda frente a quien quiere entrar en ella. Y esto es justamente lo contrario de lo que dicta la absurda norma general de prioridad a la derecha. Y digo absurda, porque en la circulación por la derecha (como en todos los países europeos excepto Gran Bretaña) la prioridad debería ser la de nuestra izquierda. El ejemplo más evidente es el de la incorporación a una autovía. Con la prioridad de la derecha, quien circula por la autovía debería ceder el paso a quien se incorpora. El otro ejemplo, son las glorietas. Es un error cometido en la primera redacción de los reglamentos de circulación, hace ya casi cien años, y nunca se ha querido o podido cambiar. Por tanto, en casi todas las circunstancias hay que fijar una señal específica para resolver la prioridad, ya que la norma general no sirve. Los “ceda el paso” son señales imprescindibles, que no deberían ser casi nunca necesarias.
Las glorietas o rotondas de dos o más carriles son puntos casi siempre conflictivos por varias razones. La primera es porque la prioridad la tiene nuestra izquierda, algo “contra natura” como acabamos de mencionar. Y la segunda, porque poca gente sabe circular por la glorieta. Todos se empeñan en circular por el carril exterior, mientras suele permanecer vacio el interior. Así, los malos conductores, evitan tener que cambiar de carril, pero impiden que accedan otros usuarios a la rotonda. El atasco está garantizado y la rotonda pierde gran parte de su eficacia. En las glorietas, una vez en ellas, deberíamos desplazarnos hacia el carril interior hasta las proximidades de la salida, con lo cual permitiremos que otros vehículos accedan al carril exterior. Pero eso casi nadie lo hace en España y si lo hace, se encuentra con que nadie le facilita el regresar al exterior para tomar la salida. Así que se mantiene siempre por fuera y que se fastidie quien aun no ha entrado.
También es cierto que, con esa manía de hacer rotondas donde no hay espacio, encontramos algunas con radios tan cortos que es imposible hacer un cambio de carril con seguridad, por lo que es bastante lógico que los conductores se mantengan siempre en el exterior haciendo inútil la función distribuidora de flujos. Muchos de estos problemas se resolverían creando una nueva señal de tráfico de paso alternativo o en cremallera, aunque para que esta prioridad alternativa funcione se necesita una cultura y una educación en la conducción que, por desgracia, no tenemos en nuestro país.
Esta misma cultura y respeto en la conducción es la que permite que estas glorietas denominadas “turbo” de Holanda y Escandinavia, cumplan con su cometido de distribución del tráfico antes del giro. Pero que mucho nos tememos que no funcionen bien en nuestro país. Ojalá nos equivoquemos, porque sería la prueba de que nuestra sociedad va asumiendo que en el tráfico hay que ser aun mucho más respetuoso con las normas y la corrección social, que en otras actividades cotidianas.
José María Cernuda
jmcernuda@elimparcial.es
Envía tus comentarios o tus consultas. Intentaremos responder a todas tus dudas.