Violentos disturbios en una localidad turística de Oran
Miércoles 28 de octubre de 2009
El régimen argelino se está teniendo que enfrentar a una serie de revueltas populares en protesta contra las condiciones de vida, alojamiento, trabajo y abandono social, que, lejos de apagarse, se extienden por todo el país. La Dirección de la Seguridad Nacional prevé una ola de violencia, y pide refuerzos policiales.
Este fin de semana ha tocado a la localidad balnearia de El Ansor, cerca de Orán, donde se encuentra el complejo turístico de Los Andalusíes. Una manifestación pacífica en protesta contra la contaminación insoportable producida por una cantera de yeso, terminó en violentos enfrentamientos entre la policía y los habitantes del pueblo. Las fuerzas antidisturbios rodearon la localidad y bloquearon todos los accesos. La respuesta popular no se dejó esperar. A las 10 de la mañana el enfrentamiento entre manifestantes y policías era frontal. Coches incendiados, almacenes saqueados y lluvia de piedras por parte de los manifestantes, frente a bombas lacrimógenas, porras, cañones de agua y vehículos antidisturbios por el de las fuerzas del orden. Una verdadera batalla campal con un resultado de 30 heridos atendidos en el hospital y la detención de 25 jóvenes.
La cólera popular tenía sus fundamentos. Hace cinco años el número de habitantes censados con enfermedades respiratorias era de 1.864. Este año ha llegado a 2.500. Las asociaciones culturales locales, varias ONGs y otras organizaciones ciudadanas, venían denunciando esta situación, sin que las Autoridades locales pusiesen freno a la misma. Según el presidente de la asociación ONSA, citado por el periódico Quotidien de Oran, hasta las aguas freáticas han resultado contaminadas, y la agricultura de toda la zona se encuentra infectada.
Una semana antes fue en Diar Echems, un populoso barrio de la capital, Argel, situado a menos de un kilómetro del Palacio presidencial. Centenares de habitantes protestaron vehementemente contra la falta de alojamiento. Familias de 8 y 10 miembros, viven en habitaciones de 30 metros cuadrados desde la Independencia del país en 1962. Los sucesivos gobiernos han hecho promesas de realojamiento, que no han cumplido.
Durante dos días, la ciudadela fue teatro de una Intifada argelina. Jóvenes encapuchados se enfrentaron con piedras a dos centenares de policías provistos de cascos, chalecos y escudos. El ministro del Interior, Yazid Zerhuni, el único responsable que dio la cara, pidió «paciencia» y prometió soluciones, al tiempo que sugirió que los jóvenes habían sido manipulados por otros intereses. El diario El Watan, comentaba entristecido que «las Autoridades son todavía incapaces de entender el fondo de la demanda social, y siguen creyendo a intentos de destabilización orquestados desde fuera». El influyente cotidiano constataba que «la población está ya harta de ver instaurarse una Argelia con dos velocidades: la de los ricos y privilegiados, y la de los pobres y marginados».
Este mes de noviembre se anuncia movido en Argelia. La situación social hierve. Varios sindicatos de la Educación irán a la huelga indefinida a partir del domingo día 8. Otros sindicatos la limitarán a una o dos semanas. El gobierno de Ahmed Uyahia aún está a la espera de la reunión tripartita prometida por Buiteflika en su campaña electoral, que deberá revisar el salario mínimo. Un país con reservas financieras evaluadas en 140 mil millones de dólares, tiene el Salario mínimo garantizado más pequeño de todo el Magreb: 120 euros; mientras que en Marruecos es de 164 euros y en Túnez de 178.
Previsiones tormentosas
La Dirección General de la Seguridad nacional (DGSN) ha encargado a un grupo de expertos un estudio sobre previsiones de protestas sociales. El documento, que ha sido filtrado a la prensa independiente, estima que habrá un aumento considerable de revueltas violentas en todo el país en los dos próximos decenios. Tumultos similares a los ya ocurridos en la Cabilia, en Berrian, en Argel y ahora en Oran. La DGSN ha pedido al gobierno más efectivos, más presupuesto y más medios para hacer frente a los dos peligros que prevé: el aumento de los atentados terroristas y las revueltas sociales.
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