Los Lunes de El Imparcial

Sloan Wilson: El hombre del traje gris

reseña

Jueves 29 de octubre de 2009
Sloan Wilson: El hombre del traje gris. Prólogo de Jonathan Franzen. Traducción de Baldomero Porta. Libros del Asteroide. Barcelona, 2009. 400 páginas. 21,95 €

Los “trajes grises”, distintivo de clase media de los barrios residenciales, convertidos en objeto de conversación, de admiración o de burla durante una década en los Estados Unidos, comenzaron su andadura con la publicación de Sloan Wilson, en 1955, de su novela más elogiada, traducida a veintiséis lenguas y llevada al cine por Nunnally Johnson –con una magnífica interpretación de Gregory Peck y Jennifer Jones en sus papeles estrella–, El hombre del traje gris, tomada como imagen de los problemas de una generación de americanos al regreso de la Segunda Guerra Mundial.

Tom Rath, personaje de carácter deprimido y agorero, alentado por su esposa y por la expectativa de atender con desahogo sus compromisos familiares, abandona un trabajo más o menos estable para ser “asistente del director” de una importante empresa de publicidad: estará mejor pagado, pero es un empleo servil e inseguro, con el inconveniente principal de que, tras corteses y extemporáneas reuniones, se compromete a adivinar los caprichosos deseos del jefe en torno a un proyecto sobre salud mental; y a materializarlos en el borrador de una conferencia que, sin sentido, va y viene de despacho en despacho, hasta parecerle un castigo del que no podrá librarse nunca… En la obra, hay amores y muertos que reviven (partiendo del rostro apenas conocido del ascensorista de la nueva compañía -que el protagonista prefiriría ignorar-), reminiscencias traumáticas de la guerra gobernadas por la fuerza de un anhelo más profundo e ineludible, que son conducidas hasta la irrevocable batalla que a Tom le queda por librar.

Wilson reflexiona sobre las personas que, con forzado entusiasmo, esconden sus emociones por miedo a ser despedidas, que son humilladas a no triunfar, a sentirse inútiles, a no proporcionar a sus familias lo que todos esperan… Penetra, así, en la voluntad humana y en la intemporal angustia por el hecho de existir, transformando lo cotidiano en extraordinario, mediante una narración de sencilla y bella intensidad.

Por Inmaculada López Molina