Ricardo Ruiz de la Serna | Sábado 31 de octubre de 2009
En España hay unos 54.000 policías y subinspectores y en torno a 7.000 inspectores y comisarios de Policía. Cada año, se reparten las medallas. Los sindicatos policiales vienen denunciando, desde hace años, la arbitrariedad en la concesión de estas condecoraciones.
Veamos: las Cruces Rojas se conceden a quienes han tenido una intervención con riesgo para su vida o integridad física; las Cruces Blancas premian la trayectoria profesional y alguna actuación destacada sin riesgo para la vida.
Pues bien, el reparto de medallas puede llevarnos a ciertas perplejidades. Alfredo Perdiguero, portavoz de la UFP, da unos datos tremendos. Por ejemplo, las medallas rojas –que suponen un incremento del 10% del sueldo vitalicio- están desigualmente repartidas: 56 para los policías y subinspectores y 76 para los inspectores y comisarios. Así, hay una medalla roja por cada 964 policías y subinspectores. Entre los inspectores y comisarios, la proporción es menor: hay una roja por cada 92 funcionarios.
El reparto de medallas encierra más misterios. En teoría, las rojas exigen haber corrido riesgo para la vida o la integridad física. Es lógico que quien se juega el tipo luchando con los malos reciba algún premio. Luego, cuando el funcionario se lleva el navajazo o el tiro, todo el mundo se lamenta y busca a la viuda o va a ver al herido… o ni eso. He conocido víctimas del terrorismo que no recibieron ni una llamada del Ministerio.
Sin embargo, la realidad encierra sorpresas. Por ejemplo, una policía resultó herida persiguiendo a un delincuente y le quedaron secuelas en las cervicales y las rodillas y perdió la fertilidad. Ha pedido tres veces la Cruz Blanca. No se la han concedido todavía.
Recordemos, por ejemplo, al policía que persiguió sin armas y a la carrera a los atracadores de un furgón. Le dieron sólo la Cruz Blanca, que premian actuaciones sin riesgo para la integridad física. Ya ven, como si les hubiera tirado un zapato.
¿Y qué me dicen del policía herido durante un tiroteo en Ciudad Lineal? Ahí sigue, esperando la Cruz Roja.
He aquí la tristeza de España. No cuestiono los merecimientos de los Inspectores y Comisarios, sino la cicatería con los policías y los subinspectores. La proporción entre unos y otros en el reparto de medallas es sorprendente. Si uno considera algunos de los motivos alegados por el Ministerio del Interior para motivar la concesión de las condecoraciones, puede echarse a llorar si aún le quedan lágrimas después de la Operación Faisán.
Sin embargo, sí hay que llorar y poner el grito en el cielo porque son muchos, muchísimos, los que cada día salen a jugarse el tipo con el navajero, el pistolero, el ladrón, el carterista… Una sociedad que soslaya el mérito y privilegia el carné del partido, el enchufe político o las simpatías ministeriales está abocada al desastre.
Sin duda hay un gran mérito en quien dirige y coordina un equipo. No es una tarea fácil ni grata, y a menudo tampoco es reconocida socialmente. Sin embargo, coincidirán conmigo en que una medalla roja por cada 964 funcionarios –con un aumento del 10% del sueldo, que tampoco da para muchas alegrías- es muy poco para todo lo que hacen. Ahora bien, en España existe una tendencia a castigar al currito y abrazar al jefe –ya sabes cómo está el servicio, fulano, muy bueno lo tuyo- mientras la gente mira asombrada.
Todo esto de las medallas y los agravios comparativos podría movernos a la risa sino fuera más apropiado el llanto y la vergüenza Las medallas merecidas son un motivo de orgullo, pero la arbitrariedad en su concesión y el agravio comparativo sólo pueden movernos a la tristeza.
¿No les parece?
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