Opinión

Sin retorno

Montse Fernández Crespo | Sábado 31 de octubre de 2009
Sin pretender serlo, estas palabras pueden llegar a ser una continuación, que no réplica, de las palabras e ideas expuestas en el genial artículo “Adiós, clase media, adiós” de Ramón Muñoz publicado con fecha 31/05/09 en ElPais.com (http://www.elpais.com/articulo/primer/plano/Adios/clase/media/adios/elpepueconeg/20090531elpneglse_2/Tes).

Si muchos de nosotros nos considerábamos parte de ese bienaventurado colectivo denominado gentilmente “clase media”, ahora muchos de nosotros experimentamos como esa clase, a la que orgullosamente pertenecíamos, va desapareciendo, mezclándose con la de reciente aparición y graciosamente –o cínicamente- apelada “mileurista”: somos los que escasamente entramos en la franja de los “dosmileuristas”, a punto de traspasar, sino ya superar, la barrera entre el bienestar y el sobrevivir. Bajando, como dirían en el cine, “sin solución de continuidad”, esto es, sin cortes bruscos, en un devenir que va arrastrando y que, por tanto, no nos dejó tiempo para madurar ni regatear.

A nadie le extrañaría que trajéramos aquí a colación el término globalización. Y sus consecuencias, la desaparición de las fronteras que protegían a occidente. A nadie –siempre con un mínimo de sensatez y conocimientos- tampoco le sorprendería que mencionáramos aquí al capitalismo feroz, al neoliberalismo, a esa doctrina de yupis que convirtió la libre competencia en oligopolio, la propiedad privada en riqueza insultante, las oportunidades en especulaciones y el engaño en inteligencia suprema digna de aplauso. Y nos convencieron con bajas hipotecas a cuarenta años, el abaratamiento de la tecnología reciclable a buen precio y la confianza en cuatro superhéroes cerebros de las finanzas. Y ahora, cuando ya es tarde para rectificar, el mal queda hecho.

De nada sirven los estudios de postgrado, ni el don de lenguas, ni la presteza resolutiva, porque donde dejamos ascender a capitanes ya es poco probable que escalen marineros. La capacidad de producción ha dejado de tener valor. La innovación vale mientras venda. No pasarás, salvo que hayas elegido esa profesión de suerte impredecible –perecedera con el tiempo-, de los “dosmileuros”. Mientras algunos gurús prodigan que el enriquecimiento social y empresarial llega y crece de abajo arriba, a ellos, los de la cúspide, esta idea no les seduce, of course, ni mucho menos. Esto es, que a los que nos ha pillado esta transición/revolución/change, podemos darnos por j…. Y si tan grata experiencia te sobrecoge con más de 40 años, date por doblemente j… Y si eres mujer, créeme, vas a morir en el intento. (Con j… me refiero a que ganarás cada euro con algo más que el sudor de tu frente, que podrás conseguirlo, seguramente a un precio demasiado alto).

El estado del bienestar, acuñado en nuestra big Europa, peligra. Porque todavía nos quedan algunos recursos como la garantía del acceso a la educación o a la sanidad, vengas de dónde vengas y tengas el dinero que tengas. Pero, ¿disponemos del 100% de garantías a medio o largo plazo cuando ya nos cobran por retirar la basura, esa basura que proviene del mismo mercado que te cuestiona y en el que no te queda permitido influenciar. Dejaremos de tener un hueco decente: o perteneces a la élite del poder económico-social o consumes, y como para consumir hay que pertenecer a la élite, pues eso, que tu valor será, en breve y al paso, un simpático “multiplícate por cero”.

¿Qué vas a hacer para cambiar tu destino, clase media? Aguantar, aceptar, dar por hecho, asimilar… Y es que al final nos dejan convencidos de que como todo está tan irremediablemente mal –visto que para unos peligrosamente más que para otros- debieras agradecer tu inmensa suerte: comes, vistes, vives. Lo aceptas mientras lees noticias que corroboran que unos pocos, elegidos a golpe de dedo y sonrisas, viven mejor a consta de la esclavitud intelectual y de la inactividad política del resto.

Lo que más asusta es darse cuenta de que a ellos esta situación también les ha pillado en un claro renuncio.
No es fácil librarse de esa sensación de “sin retorno”.
Despierta middle class.

PD. La actual crisis puede haber erosionado seriamente la riqueza de muchos de los muy ricos, destruyendo sus activos de una manera sin precedentes. Pero el miedo, sino la desesperación, de los pobres y de los no tan pobres ha aumentado de forma tremenda. (La nueva revolución de las masas, Dominique Moisi, http://www.project-syndicate.org/commentary/moisi41/Spanish ).

montsefcfr40@hotmail.com

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