Motor

La DGT advierte de que conducir es peligroso para su salud

SOBRE RUEDAS

Martes 03 de noviembre de 2009
Como era de esperar y sin apenas oposición, el Congreso ha aprobado la reforma de la Ley de Tráfico que entrará en vigor en las próximas semanas. Con estas disposiciones se da un paso más en la insólita persecución al conductor, consolidando la política de "la letra con sangre entra" que tan buenos resultados dicen que está obteniendo en la mejora de nuestra seguridad vial.

Podríamos entrar a discutir uno por uno los aspectos de las nuevas normas. Pero sería una vana discusión que no nos llevaría a ninguna parte. Porque es el trasfondo de toda la política del tráfico lo que nos parece aberrante. Esta y otras Administraciones anteriores han sido incapaces de mejorar los índices de seguridad vial sin recurrir a procedimientos que sonrojan en otros ámbitos de la educación. A través del endurecimiento de las sanciones y de la implacable persecución al conductor están dando valor a unas tesis trasnochadas y enormemente injustas. Este es un país en el que la frontera entre la falta y el delito está muy lejana para el robo, pero en el que podemos ir a la cárcel por circular a 90 kilómetros por hora en un túnel, aunque no pongamos en el menor riesgo ni a otros usuarios de la vía ni a nosotros mismos.

Los legisladores en materia de tráfico han decidido hace años que hay que sancionar intenciones. Que todo conductor es un delincuente en potencia. Pero, además, decide el legislador dónde coloca los límites de la prudencia, con criterios imposibles de justificar. Para esta colección de legisladores, es una imprudencia circular a más de 120 kilómetros por hora por una vía diseñada para admitir varios carriles de circulación paralela, con curvas y pendientes que hacen poco menos que inexistentes las salidas de vía. Pero no conformes con eso, someten a los usuarios de la carretera a un control policial y fiscal que ya nos gustaría que se llevase a cabo sobre otras actividades menos honrosas. En suma, convierte en delito lo que hace 20 años era una actividad absolutamente normal, sobre vías trazadas por los romanos y calzadas no mucho más adherentes que las que construyeron los contemporáneos de Viriato ¡Un gran paso hacia el progreso!

Este es parte del problema: que legislan quienes conocen las carreteras desde los coches oficiales y para quienes es un peligro social cualquier conductor que supere los 100 kilómetros por hora con un coche que pasa una inspección cada 4 años y que superar los test de seguridad más severos que podamos imaginar.

Por si fuera poco, el ministro del ramo (que por cierto, es el ministro con competencias sobre la Policía y no sobre los transportes y las estructuras) se permite el lujo de decir que “No multamos por placer” ¡Faltaría más! Multan porque son incapaces de ofrecer soluciones alternativas; porque no han sabido formar a los conductores; y porque la única alternativa a la sangría atroz de los accidentes ha sido reducir la movilidad individual a niveles decimonónicos.

José María Cernuda
jmcernuda@elimparcial.es

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