Opinión

Cortes de ruta en Argentina, la imagen de lo cotidiano

Enrique Aguilar | Miércoles 04 de noviembre de 2009
Es tan inconmensurable el paisaje de la Argentina que, recorriendo apenas un trecho, no puedo sino pensar en el contraste escandaloso que existe entre esa riqueza en gran medida no explotada y la indigencia que afecta a tantos millones de habitantes.

Ese contraste salta a la vista a lo largo y ancho del país, tan dotado por la naturaleza, tan retrasado en la senda que conduce al progreso. Mientras escribo estas líneas se me hace patente al regresar desde la ciudad de Paraná, capital de la provincia de Entre Ríos.

Todavía nos quedan más de doscientos kilómetros por recorrer, que se vuelven interminables pues hemos tenido que desviarnos a causa de uno de los numerosos cortes de ruta que, por diferentes razones, conculcan a diario nuestro derecho a “entrar, permanecer, transitar y salir del territorio argentino”, consagrado por el artículo 14 de la Constitución nacional.

Trabajadores del campo, operarios que vienen de perder sus puestos de trabajo, vecinos que protestan por falta de seguridad, piqueteros de tal o cual agrupación que responden, las más de las veces, a una estructura clientelar… El cuadro se reproduce en la gran ciudad, Buenos Aires, donde hasta una insignificante protesta estudiantil se manifiesta mediante cortes de calles o avenidas. Un viaje de una hora de nuestro hogar al trabajo puede duplicarse en tiempo, así como mi viaje de hoy, que usualmente no demanda más de siete horas, se transformó en una odisea de diez.

Mientras tanto, mirando al través de la ventanilla del autobús, todo resulta discordante. Por un lado, el paisaje inconmensurable y la tarde que cae. La promesa del confín y la de un nuevo día. Por otro lado, los índices de pobreza, el pequeño relato de quienes los ocultan, la incertidumbre sobre nuestro futuro… Miles de kilómetros separan nuestros principales centros urbanos. Tierra fértil que aguarda pacientemente y que quizá avizore lo que nuestra ceguera actual nos impide ver: el país con que muchos soñamos, ni poderoso ni avasallante, sino simplemente normal.

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