Opinión

El hombre más deseado del PP

Alejandra Ruiz-Hermosilla | Miércoles 04 de noviembre de 2009
Este miércoles ha vuelto a posar para los fotógrafos. Arropaba a quien fuera ministro de Hacienda en el último Ejecutivo de José María Aznar, a Cristóbal Montoro. Se hablaba de economía, se criticaba la gestión del equipo de Rodríguez Zapatero en esta materia y se reivindicaba la receta que en España funcionó entre 1996 y 2004. Ha abandonado la sala cuando las preguntas han empezado a llover sobre el ponente, pero ya había escuchado la presentación del conferenciante a cargo de Mariano Rajoy, había posado junto al líder del PP, a María Dolores de Cospedal, al propio Montoro y a Soraya Sáenz de Santa María, y había escuchado todos los halagos sobre su persona y alguno más. Había incluso sonreído, pero no había abierto la boca ni tenía la más remota intención de hacerlo.

Se deja querer y se hace esperar; coquetea, juega, encandila, se sabe deseado y apuesta a caballo ganador. Tiene a todo el Partido Popular, a sus 700.000 afiliados y a sus entre nueve y once millones de votantes en vilo, pendientes de sus labios, suplicantes de una palabra suya. Es el niño en el bautizo, la novia en la boda y el muerto en el entierro; es el protagonista sin guión.

Lleva más de 30 años ocupando puestos de responsabilidad en el PP y, en su haber político, suma uno de los más largos periodos de crecimiento económico de España, un superávit histórico de las cuentas públicas hasta la llegada de Rodríguez Zapatero, un elevado ritmo de creación de empleo durante ocho años y un saneamiento de la Seguridad Social que parecía imposible antes de su gestión. Su prestigio ha calado incluso en el ámbito internacional.

Que Esperanza Aguirre era amiga suya, admiradora de su figura política y de su perfil económico ya lo sabíamos. Que fue ella quien propuso su nombre para el disputado cargo fue público y notorio allá por el mes de marzo. Lo que no sabíamos es que también era el elegido por quien fuera su rival hace sólo cinco años, Mariano Rajoy, y por su familiar más lejano dentro de la variopinta familia política que es el PP, Alberto Ruiz-Gallardón.

Parece que el consenso en torno a él latía en los corazones de todos los líderes “populares”, pero que el pálpito nos resultaba imperceptible por el ruido de los sables. Sólo su “jefe” gozó del favor unánime que hoy le otorga el PP a su hombre más deseado. El partido le piropea con una sola voz que deja escaso margen para la sorpresa en Caja Madrid. La única duda que aún se cierne sobre Génova 13 es hasta dónde quiere llegar Rodrigo Rato.

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