Jueves 05 de noviembre de 2009
De lo que aconteció en la reunión que Mariano Rajoy mantuvo con los suyos este pasado martes sólo ha transcendido el ya célebre “no habrá próxima vez” que su secretaria general, María Dolores de Cospedal, anunciaba a bombo y platillo. La contundencia que muchos le reclamaban llega tarde y con sordina, en consonancia con el modo de conducirse del líder popular. Y para colmo, ayer se conocía la sanción al vicealcalde de Madrid, Manuel Cobo, suspendido de militancia “cautelarmente” por tildar de “vomitiva” determinadas prácticas de Esperanza Aguirre.
¿Cautelar?. Si el injuriar a sus compañeros de partido se salda únicamente con una suspensión cautelar, va a resultar que sale barato insultar en el PP. Por cierto, Manuel Cobo sigue contando con el respaldo de Alberto Ruiz Gallardón, quien ha decidido mantenerle en su puesto de portavoz en el ayuntamiento. Mientras, la militancia de Madrid asiste atónita ante la “honrosa salida” que la dirección nacional ha dispensado a la mano derecha -e izquierda- de Gallardón-. Conviene recordar que cuando Cobo pretendió disputarle la presidencia del PP madrileño a Esperanza Aguirre, obtuvo 8 apoyos frente a otros 330 de la presidenta de la Comunidad, lo cual refleja bien a las claras en sentir de los militantes de Madrid, cuya importancia en el contexto nacional no necesita ser subrayada
Es claro que Esperanza Aguirre cuenta dentro del PP madrileño con un respaldo abrumador en relación a Gallardón. Y, aunque Aguirre plegó velas en Caja Madrid, retirando a un candidato del todo inadecuado, ello no le habilita para exhibir públicamente una actitud retadora, precipitando crisis continuas dentro de su propio partido con la inestimable colaboración del señor Gallardón. El martes, la Presidenta se ausentó de la cita en Génova con el discutible pretexto de que los asistentes a la reunión pudiesen hablar con libertad del asunto “Cobo”. Por su parte, el vicealcalde, no sólo no se retractó sino que mantuvo una actitud altanera y prepotente. De esta suerte, todo este espectáculo lamentable, empuja a una parte de la ciudadanía a preguntarse si no será que el PP lleva demasiado tiempo en el poder de la Comunidad –lo cual no sería óbice para reconocer la misma enfermedad en otras comunidades, sin otra diferencia que un trueque de color político.
Da pues la impresión que Rajoy ha cerrado en falso una crisis que deja además una imagen bastante deteriorada del PP actual. La actividad política requiere decisiones prontas y eficaces para que los problemas no se enquisten. A día de hoy, esto no sucede en el PP. Con Cobo suspendido, pero aún en activo, y Esperanza Aguirre en el pulso de la ausencia, Rajoy vuelve a dar otra muestra de falta de autoridad. La veda del insulto y la falta de respeto en el PP queda abierta. Mientras, la inmensa mayoría de los ciudadanos de toda España se preguntan qué aporta a sus intereses y preocupaciones estas sórdidas luchas por la hegemonía entre los profesionales del poder.
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