reseña
Viernes 06 de noviembre de 2009
Anuradha Roy: Atlas de una añoranza imposible. Traducción del inglés de Gema Moral Bartolomé. Salamandra. Barcelona, 2009. 384 páginas. 19€
La primera novela de la editora y periodista Anuradha Roy está formada por tres partes que podrían tratarse del comienzo de tres novelas independientes, unidas entre sí por la sensación de aislamiento que acompaña a cada uno de sus personajes y por el reflejo difuso, pero constante, de las tradiciones de una India exuberante y opresiva. Tres historias, las de los miembros de tres generaciones de una familia bengalí en la primera mitad del siglo XX, con un solo epicentro que atrae y repele a los personajes: la gran casa familiar en Songarh, una pequeña ciudad a la que la llegan en 1907 en busca de prosperidad económica.
Atlas de una añoranza imposible es una historia de frustraciones: la soledad, el tedio y la falta de comunicación acaban con la cordura de la matriarca de la saga; la imposibilidad de culminar un amor prohibido por las imposiciones sociales y la vigilancia opresiva de la familia marca la infelicidad de la segunda generación de este clan; y por último, el rechazo, el rencor y la ambición determinan la vida del más joven de los protagonistas.
El trasfondo que está en el origen de cada una de estas frustraciones, se arraiga en determinadas características de la sociedad tradicional de la India: los matrimonios concertados, la supeditación de la mujer, la estructura social basada en castas, las privaciones a las que se somete a las viudas, la separación absoluta entre ingleses, hindúes y musulmanes… Sin embargo, no exhibe Atlas de una añoranza imposible una voluntad de crítica social ni de retrato histórico, sino una concatenación de hechos y descripciones del mundo interior de los personajes y de su entorno más cercano, que solo levemente dejan translucir la realidad externa que determina de manera crucial sus sentimientos, anhelos y decisiones. De esta forma, la autora logra hacernos ver la sociedad india de principios de siglo a través los ojos de quienes formaban parte de ella, sin juzgarla de manera más dura o benévola de como pudieran hacerlo quienes en ella se habían educado desde la infancia.
Atlas de una añoranza imposible atrapará poco a poco a los lectores que se dejen llevar por la narración y se trasladen a los territorios sugeridos por las profusas descripciones de Anuradha Roy, quien abandona en esta obra el lenguaje propio del ensayo al que hasta ahora se había dedicado como autora y editora para emplear un estilo lírico y evocador.
Por Eva Hernández Díaz
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