Opinión

La carrera electoral comenzó con un caballo ganador

Ismael Crespo | Miércoles 27 de febrero de 2008
Acto I. La precampaña electoral se despedía la semana pasada con un hecho anecdótico y un escenario de competición muy parejo, o al menos eso parecía desprenderse de los datos de la encuesta del CIS. Las palabras susurradas por el presidente del Gobierno a Iñaki Gabilondo y captadas por un micrófono que se había quedado abierto: "(...) vamos bien (...), pero hay que mantener la tensión (...)", fueron interpretadas por la oposición como reveladoras del supuesto carácter confrontacional de Rodríguez Zapatero. Una interpretación afín a los intereses electorales de Rajoy, pero que simplemente revela lo que ya comenté en estas páginas hace unas semanas: el PSOE es consciente que la movilización final es clave en el resultado electoral del 9-M. Para añadir más leña al fuego, y coincidiendo con las palabras del presidente y la interpretación de las mismas por la oposición, se dio a conocer la última encuesta del CIS sobre intención de voto, que pronostica un resultado muy ajustado y un casi empate en número de diputados. Una encuesta que más allá de las estimaciones del CIS, nos muestra un panorama de competición que apenas se ha modificado desde los datos dados a conocer en noviembre por este mismo instituto demoscópico. Y es que el funcionamiento del mercado electoral, al igual que sucede en el mercado bursátil, ya había "descontado" con anterioridad, sobre la base de predicciones, tanto electorales como económicas, los principales "sucesos" de la precampaña electoral. Y si la precampaña apenas había modificado el panorama, ¿lo hará la campaña?


Acto II. El inicio de la campaña. Estamos ante un comienzo de competición muy rutinario, quizá el más previsible de la democracia. Candidatos y partidos apenas se mueven de las posiciones ya conocidas. Desgranado el programa electoral en precampaña, ahora nos encontramos con una sesión ininterrumpida de mítines (Rajoy hace hasta tres bolos diarios) con escaso impacto comunicacional (hasta el momento). Tanta esperanza se ha puesto en el primer debate, que mientras éste se realiza, partidos y candidatos apenas nos enseñan nada "nuevo". Quince años de espera, son muchos, es cierto, pero, ¿dará el debate para tanto, o nos encontraremos más de lo mismo?


Acto III. Y llegó el día del debate. Éste confirmó todas las expectativas y predicciones en cuanto a los contenidos: ambos candidatos ofrecieron los mismos argumentos -y datos- que han manejado en sus actos públicos o en sus intervenciones en los medios. El presidente, además, buscó el refuerzo y la movilización de su electorado de 2004 a través de la "buena imagen" que sabe que tiene, aunque esta vez la sonrisa se le quedó helada. Rajoy repitió la misma táctica que tan buen resultado le dio a Aznar frente a González en 1993: hizo que el presidente acabara pareciendo el candidato, defendiéndose de las argumentaciones críticas de su adversario. Éste fue el giro que cambió la previsibilidad del debate. Un ataque comedido, con manejo de cifras oficiales, que garantizó al candidato opositor sino el triunfo, que era algo casi imposible por la polarización del electorado -"todos contra el PP"-, al menos la consistencia en sus posiciones de partida. Rajoy no habrá ganado muchos nuevos adeptos esa noche, pero seguro que tampoco perdió a ninguno; cuestión ésta que no se puede decir de Rodríguez Zapatero.


Acto IV. No tan parejos, al menos por el momento. La rutina les va bien a todos, a ZP porque sigue con su campaña de imagen y discurso hueco que tanto entusiasma a sus seguidores, y que mantenía a su partido antes del debate en 2.4 puntos por encima del PP. A Rajoy porque sabe que el recorrido de su candidatura es muy corto, apenas un poco más que lo que ya tiene, mientas que el de ZP todavía es largo, más tras el debate, y sólo faltaría mover mucho el tablero para encontrarse con una movilización de última hora por intentar romper la rutina que a todos nos embarga en esta tediosa campaña.

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