Sábado 07 de noviembre de 2009
Política y deporte no suelen mezclar bien. Buena prueba de ello es el ridículo a que nos tiene acostumbrados Joan Laporta, presidente del F.C. Barcelona, quien a menudo usa su cargo como trampolín hacia el secesionismo catalán. Pero en esta ocasión ha sido la Liga de Fútbol Profesional (LFP), organismo que engloba a los equipos de fútbol españoles de las principales categorías, quien ha lanzado un órdago cuando menos curioso. Así, la liga amenazaba ayer con parar la competición de no retirarse el proyecto de ley según la cual a partir del 1 de enero de 2010 aquellos jugadores extranjeros que cuenten con rentas superiores a los 600.000 euros anuales pasarían a tributar del 24 por ciento, como hacen en la actualidad, al 43 por ciento en el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF).
No es que los clubes de fútbol se hayan convertido de la noche a la mañana en esforzados valedores de los emolumentos de sus estrellas, no. Ocurre que la mayor parte de los contratos de dichas estrellas estipulan que el sueldo que cobran esté libre de impuestos, con lo que la presunta carga fiscal de los Messi, Cristiano Ronaldo y compañía recaería sobre los equipos en los que juegan. Y claro está, los clubes no están dispuestos a ello. Algo comprensible desde un punto de vista lógico, por cuanto nadie suele disfrutar en exceso cuando le cambian su sistema de tributación a casi el doble de lo que tenía.
Pero precisamente apelando a la lógica, la pataleta de los clubes de fútbol no tiene fundamento alguno. Para empezar, aún está por ver que dicho proyecto de ley tenga efectos retroactivos, con lo que el supuesto problema vendría con los jugadores que pretendiese fichar en 2010. Además, el resto de países con ligas potentes -Italia, Francia e Inglaterra, fundamentalmente- tienen un tipo máximo de tributación que ronda el 40 por ciento en todos los casos. En base a ello, resulta falaz el argumento esgrimido por algunos dirigentes del fútbol español quejándose de que la liga española se despoblaría de ases extranjeros. Eso es incierto. A igualdad de régimen fiscal, primarán otros motivos que los estrictamente económicos, lo cual no es malo en absoluto. Y hay que recordar que a los jugadores españoles sí se les aplicaba el tipo máximo de gravamen, lo que ocasionaba una clara desigualdad con el trato fiscal de favor recibido por sus colegas extranjeros. Nada que objetar, por tanto, a un proyecto de ley que equipara a nacionales y extranjeros en el modo de tributar y que lo adecua a la realidad de un sistema impositivo progresivo. Y más en tiempos de crisis.
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