tras el revés electoral en Virginia y Nueva Jersey
Domingo 08 de noviembre de 2009
Aquella imagen de Barack Obama, acompañado de su mujer y sus hijas, el 4 de Noviembre de 2008, en el Grant Park de Chicago, será un recuerdo para la historia. Allí las miles de personas que les aclamaban eran el síntoma de que en Estados Unidos iba a producirse un cambio y una época llena esperanza. Su primer discurso, que contó con la colaboración del famoso “Yes we can”, se centró en la demostración de que con él todos los ciudadanos estaban en igualdad de condiciones. Tomó como ejemplo a la señora Cooper, de 106 años, que a lo largo de su vida había ido viendo como poco a poco empezaba a tener sus derechos sin que importara el hecho de que fuera una mujer y, de raza negra. Además terminó queriendo que su presidencia finalizase con un cambio tan grande, como del que aquella anciana había sido testigo a lo largo de sus días. Por estas palabras y por su ‘mediática’ campaña electoral, Obama se ganó el respeto del mundo entero, que todavía hoy continúa manteniendo. Pero lo más impactante de aquella noche fue ver con la alegría que la gente celebraba su victoria por las calles.
“Obama hizo un discurso muy bonito, pero eso sólo vale para ganar elecciones. Es el momento de que demuestre su eficacia y por el momento no está cumpliendo con las expectativas creadas”, reconoce Florentino Portero, profesor de Historia Contemporánea de la UNED.
Lo que nadie puede negar al mandatario estadounidense es su búsqueda de la normalidad, tanto en su persona como en su presidencia. Siempre ha querido transmitir al resto de países que Estados Unidos es un país más y no una 'superpotencia'. Además, ha pedido ayuda al resto de homólogos para mejorar. Por otro lado, en su personalidad nunca se ha mostrado como un ser superior. Hace unos meses emitió un vídeo suyo, acudiendo a comprar unas hamburguesas para todo su personal a un restaurante americano, tratando de demostrar que no es diferente al resto. Además, su mujer Michelle reconoció en una entrevista que, pese a vivir en la Casa Blanca, ella y su marido obligan a sus hijas a hacerse la cama todos los días.
En cambio, sí se le puede reprochar y, de hecho varios medios estadounidenses lo han hecho, que de todas las promesas que hizo, hasta el momento la gran mayoría siguen siendo un propósito y no una realidad. El cierre de Guantánamo antes de enero de 2010 es prácticamente imposible, ya que quedan 220 detenidos sin ubicación. Lograr la paz en Oriente Medio, pese a los acercamientos, se avecina como una tarea difícil y por otro lado, retirar una parte de las tropas de Iraq a mediados del próximo año y la otra a finales de 2011, se ha complicado por los atentados ocurridos en las últimas semanas. “El problema de Obama en Iraq es que al principio dijo que en 15 meses iba a retirar las tropas y al final va a hacer un plan muy similar al de Bush”, asegura el profesor Portero, en declaraciones a EL IMPARCIAL.
Pese a todo, hoy Barack Obama es una de los mandatarios con mayor reconocimiento internacional. Su llegada a la Casa Blanca ha significado un antes y un después, no sólo en Estados Unidos, también en el resto del mundo. Muchos países, incluido España, han visto en él un buen aliado y han sido muy escasos los dirigentes que han mostrado una disconformidad completa con Barack Obama. Y lo explica su reciente reconocimiento con el Premio Nobel de la Paz, por el que recibió los primeros mensajes de felicitación de presidentes como Gordon Brown, Nicolas Sarkozy o Ángela Merkel, lo que demuestra que las esperanzas puestas en él, continúan vivas.
Y es que hasta el momento no ha sucedido algo tan grave como para dudar de la capacidad de Obama para conseguir sus propósitos. De hecho, la pasada semana se confirmó el final de la recesión en Estados Unidos (aunque el paro seguirá subiendo en 2010) y la situación económica empieza a reactivarse y muchas empresas ya están empezando otra vez a contratar trabajadores. Lo que sucede es que todo va más lento de previsto y ello está provocando que muchos ciudadanos comiencen a impacientarse pidiendo resultados inmediatos. De momento, tiene tres años por delante en los que uno de sus mayores quebraderos de cabeza va a ser la reforma sanitaria, un objetivo en el que todos sus predecesores fracasaron y que debía haberse aprobado el pasado verano, y que está más cerca que nunca de lograrse. De momento, esta iniciativa ya ha sido aprobada en la Cámara de Representantes tras una votación muy ajustada, el primer paso en su tramitación, y ahora llegará al Senado para ser ratificada.
Un año después su popularidad ha caído y está en un 55 por ciento (cuando aterrizó en la Casa Blanca era de un 70 por ciento).El pasado miércoles, cuando cumplía su primer aniversario, el mandatario estadounidense se llevó su primer revés, con las respectivas victorias de los republicanos Bob McDonelly y Chris Christie, en Virginia y Nueva Jersey. Pese a ello, ese día Obama continúo con su agenda habitual y, consciente de que iba a estar en boca de todos, estuvo en Madison (Winsconsin) promoviendo su reforma educativa en un acto con estudiantes de enseñanza media. “Que Obama pierda unos comicios en Virginia entra dentro de la normalidad, pero que lo haga en una ciudad como Nueva Jersey, que siempre fue demócrata, es noticia y exige una profunda reflexión”, afirma el profesor de Historia de la UNED.
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