Mariana Urquijo Reguera | Domingo 08 de noviembre de 2009
Cuando Platón propuso que las ciudades las gobernaran aquellos que más desarrollan su alma racional, es decir, los filósofos, no lo decía por favorecer a su gremio. Su avanzada edad, su capacidad de observación y sus constantes fracasos en su empeño de llevar un gobierno justo y bueno que gobernara la ciudad de Siracusa, le llevaron a desconfiar ampliamente de las pasiones humanas unidas al poder que detentan los gobernantes.
El gobierno, concluyó, debía estar en manos de los filósofos, que siguiendo el conocimiento de las ideas, e inspirándose en sus formas, fomentase que el mundo de la tierra se pareciese en lo más posible a ese mundo ideal que imaginó (luego el cristianismo haría de las suyas con esta imagen).
Pasiones de todo tipo quedaban relegadas, debían quedar relegadas de las decisiones de los gobernantes. Más tarde, en su última obra, Las leyes, sustituyó a los filósofos-gobernantes por unas leyes, racionales, ideales y eternas, que fuesen siempre respetadas por todo hombre en la ciudad en la que se adoptasen.
Gobierno de la razón que no de las pasiones. Porque cuando gobierna el corazón no se logra el bien y por mucho que nos pese, es la razón la que más probabilidad de éxito tiene en el eterno intento de gobernar bien y promover el bien entre los hombres.
La democracia contemporánea no está lejos de este planteamiento. Las leyes y constituciones ayudan a regular tanto al gobernante como al gobernado, y ahí, tampoco valen las pasiones y los sentimientos, sino sólo la ley.
Y hoy, España vive una contradicción terrible, terrorífica, terrorista. Marineros con tierra han sido secuestrados por marineros sin tierra. El corazón está encojido, el de sus familias, de sus amigos y el de todos los desconocidos que entendemos su sufrimiento, todos pondríamos un euro de nuestros bolsillos para pagar el rescate, devolveríamos a dos terroristas a tierra de nadie para que los marineros vuelvan a su casa en los mares del norte. Todos pagaríamos, todos nos uniríamos en la celebración de la vuelta a casa.
Pero la razón no dice eso. La razón y la ley dicen: no pagarás porque un secuestro producirá otro, porque con el dinero comprarán más armas y el mes que viene serán dos barcos por los que haya que pagar. No devolverás a los piratas capturados porque la ley está para cumplirse con arreglo a la ley, y no a la política, y modificar la aplicación de la ley por motivos personales, pasionales y emotivos, es cambiarlo por motivos políticos.
Y el problema sigue siendo que no se puede gobernar con el corazón, porque hay razones que el corazón no entiende y emociones que la razón del gobierno no puede seguir. Aunque duela el corazón y sufra la razón.
Que todo termine con final feliz....
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