Jueves 12 de noviembre de 2009
Una de las señas de identidad del nacionalismo vasco -tanto el radical como el mal llamado moderado- es la facilidad de sus dirigentes a la hora de justificar lo injustificable. En esta ocasión, van a tener que hacer gala de toda su dialéctica para tratar de explicar el tremendo ridículo en que les ha puesto el Tribunal Europeo de Derechos Humanos -TEDH- quien, a través de una reciente resolución, ratifica lo que ya afirmo el pasado mes de junio: que Batasuna es ilegal. Estrasburgo, además, avala lo que ya dictaminaron en su momento Supremo y Constitucional, y a tenor de la literalidad de la sentencia -“la ilegalización respondía a una necesidad social imperiosa y que las medidas adoptadas fueron proporcionadas”- salta a la vista la coincidencia entre las tres instancias judiciales.
No hacía falta ser un experto en derecho para darse cuenta de que Batasuna -o cualesquiera otras nomenclaturas afines- es el brazo político de ETA. Batasuna forma parte de un todo en el que integran también los que matan, roban coches, extorsionan o realizan seguimientos. En suma, una división del trabajo criminal. Dicha entidad es indivisible, en el sentido de que los unos no pueden funcionar sin los otros. Todos son ETA, en mayor o menor medida. Una vez demostrado lo anterior, resta por saber cómo lo digerirá el PNV. No hace mucho se manifestó en Euskadi al lado de los recaderos de ETA, reclamando para ellos un espacio político representativo. Habría que ver cómo explican a la sociedad vasca su inquebrantable a apoyo a los que hoy, ya sin duda alguna, son un partido ilegal por apoyar al terrorismo. Al PNV se le ha acabado la coartada. De ellos depende evolucionar de una vez por todas y dejar de amparar a los violentos, o seguir anclados en la política de “batzoki” e hipocresía. En sus manos está.
TEMAS RELACIONADOS: