Lunes 16 de noviembre de 2009
Que el mundo del nacionalismo más radical tiene una necesidad permanente de notoriedad mediática es un hecho sabido. ETA siempre ha sabido manejar muy bien su tempo publicitario, algo por otra parte imprescindible para su supervivencia. De ahí que cada vez que lanza algún comunicado a través de su brazo político o mediático, procure que éste adquiera la mayor difusión posible. Ese también ha sido el propósito del nuevo anuncio que realizaba este pasado fin de semana la izquierda abertzale, en el que el entorno terrorista volvía a clamar por una nueva mesa de diálogo. Haciendo gala de su habitual retórica farisea, la banda conmina a que se aborden cuestiones como “desmilitarización de Euskadi, la liberación de presos, la vuelta de exiliados y un tratamiento justo y equitativo al conjunto de víctimas del conflicto”.
Por suerte, semejante insulto a la inteligencia no ha tenido en esta ocasión el eco de anteriores treguas-trampa. Dirigida fundamentalmente al sector del PSOE más proclive al entendimiento con los nacionalistas -en el que se encuentra el propio José Luis Rodríguez Zapatero-, su propósito no era otro que el de dividir. Ya ni los más ilusos creen en la mano presuntamente tendida de una organización que lleva demasiado tiempo utilizándola para causar daño. ETA ha sufrido últimamente un gran número de detenciones, lo que ha redundado en una significativa reducción de sus atentados terroristas. Necesita que le den un respiro para reorganizarse y seguir delinquiendo. Ese respiro que el PNV quiere tan denodadamente que se le conceda, tan proclive como es de dar balones de oxígeno a ETA. Pero si bien ha estado la reacción de la mayor parte de fuerzas políticas -PSOE incluido- a la hora de no dar mayor credibilidad a semejante hatajo de patrañas, bien igualmente debe de estar su continuidad en el tiempo. La ausencia total de violencia que preconiza el entramado terrorista es posible. Para ello sólo hace falta que entreguen las armas y renuncien a seguir matando. En ese preciso momento, pero no antes, se abrirá el turno de la política, como corresponde a un sistema, como es el democrático, diseñado para marginar la violencia e integrar y procesar problemas y conflictos. Bastantes errores ha habido en el pasado como para volver a repetirlos ahora.