Opinión

¿De Juana Chaos, deprimido?

Benito Peral | Lunes 16 de noviembre de 2009
Hace unos días nos desayunamos con la noticia de que el terrorista de Juana Chaos padece una depresión según su abogado defensor, y que por ello resultaría altamente perjudicial para su salud devolverlo a España para ser juzgado por un delito de enaltecimiento del terrorismo. Se trata obviamente de una estrategia de la defensa encaminada a retrasar en lo posible la vuelta a nuestro país del citado terrorista, porque resulta bastante inverosímil que una persona como él pueda padecer una depresión. Me explicaré.

La depresión es un síndrome muy amplio y diverso tanto en la forma de manifestarse como en las causas que la ponen en marcha. En las clasificaciones actuales las depresiones se incluyen en el apartado de los Trastornos de la Afectividad. El sector psíquico de la afectividad es el de los sentimientos y las emociones. Hay personas, por raro que pueda parecer, que carecen casi por completo de sentimientos, son individuos fríos, distantes, incapaces de ponerse en el lugar del otro y que jamás muestran compasión. En la Psicopatología clásica hay un término que los designa: atímicos (timos en griego denomina lo afectivo). Es así de simple, donde hay afectividad, sentimientos, éstos pueden alterarse, pero donde faltan no cabe alteración alguna.

Caer en una depresión supone siempre un hundimiento en la vitalidad, esa costura entre el cuerpo y el alma de la que hablaba Ortega y Gasset. El hundimiento en la vitalidad cuando es suficientemente profundo hace emerger el estado de ánimo depresivo o tristeza vital. Una de las principales características de esa tristeza vital son los sentimientos de culpa. Pero hay también personas, por raro que parezca, incapaces de sentir la culpa. Éste es el caso, según parece, del “señor” de Juana Chaos, que nunca mostró arrepentimiento alguno por las veinticinco muertes que ocasionó, incluidas las doce del atentado de la Plaza de la República Dominicana de Madrid. El mismo que brindó con champagne al conocer la muerte en atentado del concejal del Ayuntamiento de Sevilla Alberto Jiménez-Becerril y su esposa Ascensión García. Todo lo que sentía entonces se resume en lo que escribió en una carta días después: “Sus lloros son nuestras sonrisas y acabaremos a carcajada limpia”.

De lo único, probablemente, que podemos diagnosticar a de Juana es de un trastorno de personalidad. Los trastornos de personalidad no son enfermedades psiquiátricas en el sentido estricto del término, no son alteraciones que rompen la trama biográfica de un individuo modificando su manera de comportarse, de pensar o de sentir. Los trastornos de personalidad son formas de ser anómalas en las que lo alterado es la personalidad misma. El origen sigue hoy siendo discutido y en general se cree que intervienen en su desarrollo tanto factores genético-constitucionales como ambientales-educacionales. Suelen detectarse muy pronto, ya en la infancia o en la pubertad, y persisten a lo largo de los años. Tienen siempre dificultades en la comunicación con los demás, no establecen un vínculo adecuado y por ello presentan en mayor o menor medida problemas de adaptación. El rasgo más marcado de la personalidad permite su clasificación.

En el caso que nos ocupa muy probablemente estemos ante un trastorno disocial de la personalidad, lo que comúnmente conocemos con el término psicópata o sociópata. Lo esencial en este trastorno es una pauta continua de conducta irresponsable y antisocial. Ya en la época infantil se aprecian rasgos marcados de inadaptación con tendencia desmesurada a las peleas, a las huidas, a los robos. En el adulto son frecuentes las conductas temerarias, la promiscuidad o la utilización de drogas. Hay siempre una incapacidad para mantener un mínimo de estabilidad social y familiar, siendo además muy irritables y agresivos. Todo ello suele estar enmarcado en el ámbito de la delincuencia y hay una ausencia casi absoluta de sentimientos de culpa.

Hay muchas causas, motivos y situaciones capaces de llevarnos a los seres humanos a ese trastorno terrible que es la depresión. Tantas que pareciera que no hay nada en común entre ellas. Sin embargo hay una condición “sine qua non”, una condición sin la cual no es posible desarrollar una depresión: ser buena persona. Los malos no se deprimen.

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