Opinión

Las reverencias de Obama

Carlos Loring Rubio | Martes 17 de noviembre de 2009
El pasado sábado, el presidente de los Estados Unidos Barack Obama, en su camino hacia Singapur para participar en la cumbre anual Asia-Pacífico, era recibido por el emperador de Japón Akihito. En lo que se suponía que iba a ser un saludo protocolario, antes del almuerzo que se celebraría a continuación, el presidente norteamericano realizó una circunspecta reverencia ante el mandatario japonés. El hecho volvió a desatar la furia de algunos de los medios de comunicación estadounidenses más próximos al partido republicano, que lo calificaron como una “muestra de sumisión” y como un “gesto imperdonable del presidente de la primera potencia mundial”, sin que además se diera un gesto recíproco por parte su anfitrión. Y digo que volvió a desatar la furia porque, durante la cumbre del G-20 celebrada en Londres en junio pasado, Obama provocó el escándalo con un saludo similar ante el rey saudí Abdulá ben Abdulaziz.

Es posible que a un novato Obama y ante la importancia de una buena relación con Arabia Saudí, se le pudiera haber ido de las manos un afectuoso saludo, en el que una más que ostensible genuflexión fue negada por la Casa Blanca. El equipo de Obama pudo haber encontrado la solución en realizar un gesto similar ante Akihito, aprovechando una polémica parecida que tuvo lugar, con Bill Clinton como protagonista, ante el mismo emperador.

No obstante y rechazando la hipótesis anterior, aunque pudiera parecer que este tipo de comportamiento por parte del “hombre más poderoso del mundo” muestre signos de debilidad, humillación o sumisión, vemos el efecto que causa en sus interlocutores: agradecimiento que se denota mediante una amplia sonrisa. La exagerada inclinación del cuerpo de Obama en el momento de saludar a estos dirigentes comporta una preparada actuación que deshecha cualquier tipo de improvisación, espontaneidad, mal asesoramiento o escasa preparación protocolar. La nueva diplomacia estadounidense prefiere el halago antes que la imposición y, además, no busca halagar a todos, si no sólo a aquellos socios que le son de gran ayuda en su estrategia comercial y geopolítica. No debemos olvidar que el contexto del viaje de Obama a Asia se da en una gira por la región, en la que se pretende hacer y recomponer alianzas clave para Estados Unidos.

Todos recordamos los cabezazos y reverencias de Piqué a Bush, cuando éste visitó nuestro país y las lindezas con las que se calificó su saludo. Pues bien, ahora que vemos como el propio presidente de los Estados Unidos realiza las mismas prácticas, a más de uno se le deben bajar los humos de su falso honor personal para ir ensayando la mejor de las humildes genuflexiones ante aquellos líderes mundiales de los que dependan la buena marcha del país. Y esperemos que la inclinación de la reverencia de Obama ante el Rey Don Juan Carlos, si es que aquel visita alguna vez España, cumpla con el mínimo de grados suficientes como para hacernos ver que somos importantes para nuestro socio americano. Aunque, quizás, Obama se documente bien y le asesoren para que no haga el más mínimo ademán, dado que los propios españoles ya nunca se inclinan ante su rey.

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