José Antonio Sentís | Martes 17 de noviembre de 2009
La satisfacción demostrada por el Gobierno en boca de sus principales representantes, Zapatero y de la Vega, por la liberación del Alakrana tras el pago de un módico rescate de dos millones trescientos mil euros es digna de un estudio psicológico.
Es cierto que este Gobierno, comprobada su incapacidad en la gestión pública, basa su éxito en la gestión de su propaganda. Por eso, con toda desfachatez, han vendido a la opinión pública como éxito lo que no es más que la cesión ante un chantaje. Y no digo que en ocasiones no se pueda doblegar alguien por causa mayor, sino que lo que no puede hacer es ponerse medallas por hacerlo.
Se puede decir: hemos garantizado la vida de los marineros a cambio de rescate, pero nos molesta mucho haber tenido que someternos. Lo que no se puede decir es: qué bien lo hemos hecho, somos los más hábiles a la hora de la genuflexión ante la piratería.
Pero, no. Aquí tenemos al Gobierno triunfante en su debilidad. Sólo coordinado cuando el asunto ha acabado por la vía del pronto pago, pero indeciso, chapucero, temblequeante y enfrentado internamente cuando encontró el problema sobre la mesa. Cuando no manipulador, mentiroso, opaco y torpe.
Pues si el Gobierno dice que compartamos la alegría de los liberados y sus familias, con toda la razón la compartiremos. Pero si quiere apuntarse otro tanto político por hacer lo que a cualquier ignorante se le ocurre (ceder a un chantaje) eso ya es hacernos tragar otra rueda de molino. Para esa decisión no hace falta excesivo entrenamiento, porque se aprende de pequeñito en el colegio.
Y puesto que el Gobierno ha decidido pagar (con un poco más de dinero se hubiera podido quedar con Somalia) y ha decidido no perseguir a los piratas, porque ya los perseguirá después, según De la Vega, sólo nos queda congratularnos de que Zapatero no haya quedado tan agradecido a los secuestradores como para entregarles alguna condecoración nacional, que es lo menos que correspondería a un síndrome de Estocolmo presidencial tan palmario. En todo caso, hay que desmentir formalmente ese rumor. No se condecorará a los piratas, por el momento.
O bien, Zapatero no sufre síndrome de Estocolmo, es decir, la sumisión activa a los chantajistas, sino que, por el contrario, nos ha transferido a todos ese síndrome. Para que España entera, presa de alivio por la supervivencia de los nuestros, simpatice con el Gobierno que los ha liberado sin preguntarse cómo lo ha hecho, ni qué significado ni qué repercusiones tendrán lo que ha hecho.
Finalmente, para la iconografía subconsciente, Zapatero se ha presentado como el capitán Trueno liberando a Sigrid. Sólo nos queda alegrarnos de que los piratas no pidieran Córdoba a cambio del Alakrana. Pero démosles tiempo, que todo llegará.
En todo caso, la gestión del conflicto sobre el Alakrana explica muy gráficamente por qué Zapatero quiso negociar con Eta, por qué Zapatero cedió políticamente ante Eta, y por qué se hubiera sometido a cualquier chantaje de Eta. Y si no pudo hacerlo fue porque la propia Eta, mucho menos inteligente que la piratería somalí, no tuvo paciencia.
Aquella historia le salió mal a Zapatero y, sobre todo, le salió mal a Eta. Pero, por fortuna, el Proceso de Paz con la piratería ha tenido un éxito incuestionable.
Postdata simbólica
¿Con qué bandera volverá el Alakrana a aguas españolas? ¿Con la ikurriña o con la española?
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