Opinión

El caso SITEL: entre broncas y amenazas

Jueves 19 de noviembre de 2009
La polémica del sistema de escuchas SITEL ha llegado a uno de sus puntos máximos de ebullición. El choque entre el ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba y el diputado popular Carlos Floriano, ha acentuado el enfrentamiento entre el Gobierno y la oposición, ante un caso que ha sembrado las dudas y las suspicacias en el seno de la opinión pública española, más por sus matices rocambolescos al mejor estilo de “Gran Hermano”, que por el delicado trasfondo que lo preside.

El tenso debate, generado por las controvertidas escuchas, ha detonado el malestar del propio Rubalcaba, quien amenazó a Floriano con que veía y escuchaba “todo lo que hace”, una situación que ha hecho que el vicesecretario del PP, Esteban González Pons, denunciase ante los medios de comunicación la reacción del ministro, exigiendo su dimisión. Por su parte Rubalcaba trató de matizar sus palabras, aclarando que se refería a que todos los días oía en la televisión y en la radio, cómo los populares acusaban al Gobierno de Zapatero de espiar a la oposición. La clásica movida de lanzar el balón a la portería contraria.

El incidente parece un circo de “dimes y diretes” que no hacen otra cosa que desviar la atención de un asunto sensible que compromete la integridad del Estado de Derecho español. El problema es que llueve sobre mojado. Los populares están particularmente sensibilizados por el asunto porque han visto varias de sus conversaciones telefónicas privadas reproducidas en los medios de comunicación. A mayor abundancia, las filtraciones de los sumarios que les afectan han sido sistemática y puntualmente dosificadas, siempre en el sentido que más podía interesar al Gobierno: una evidencia que no debe servir para distraer y ocultar los problemas de corrupción que afectan al principal partido de la oposición, pero tampoco es coartada para no denunciar que una posible utilización partidista del Estado es un delito cuya gravedad no necesita ser subrayada

En todo caso, da la sensación que el caso SITEL es más un “chisme de pasillo” que el tema central de una discusión seria y responsable que debe emerger en pleno del Congreso, y no en los pasillos del Legislativo a modo de broncas improvisadas, que terminan desprestigiando la forma de hacer política en España, sobre todo por aquellos que tienen la responsabilidad de llevar el compás del debate gubernamental.

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