Opinión

México, país cambiante que envejece

Marcos Marín Amezcua | Jueves 19 de noviembre de 2009
2010 será muy importante para México. No únicamente conmemorará sus doscientos años de independencia (1810) y cien de la Revolución Mexicana (1910), sino que deberá verificar el censo nacional de población, como ocurre desde 1890.

Al respecto, hay datos publicados recién que muestran cierta contradicción en las valoraciones que se hacen sobre la trayectoria poblacional de México y sus pronósticos.

En los años ochenta se decía que México era un país de jóvenes. Después de que el censo de 1980 fue deficiente y fue mal contado, se supo que no éramos 90 sino apenas 80 millones de mexicanos, según reportó el de 1990. La diferencia no era cosa menor, puesto que trastocaba todos los índices. Iniciamos el siglo XX siendo 14 millones de habitantes (6 millones cien años antes) y lo cerramos con 97 millones y feria, según reportó el censo del año 2000.

Así, una serie de reflexiones se antojan necesarias en torno al tema poblacional. El mito de ser un “país de jóvenes” se ha ido desvirtuando al estrellarse contra la realidad y hoy el reto es afrontar que no a mediados del siglo XXI, sino para el año 2025, podríamos ser una sociedad vieja. No prematuramente avejentada, sino mal diagnosticada.

Las cifras de edad de vida también son variables según reporten determinadas fuentes. Para unas, la mujer mexicana vive unos 80 años, otros dicen que 74. Los varones dicen unas fuentes, viven 78 años promedio, otras dicen que 72.

El Consejo Nacional de Población admite que si bien hay como nunca, una población de jóvenes de 15 años, nacidos en 1994 y que suman dos millones, 904 mil nacimientos correspondientes a ese año, advierte que difícilmente habrá otra cantidad de nacidos similar para los años subsecuentes. La población empezará a disminuir y ya se aprecia en un elevado número de familias nucleares (padres e hijo único).

Un factor puede ser muy representativo para entender, en parte, este proceso de disminución de nacimientos, más allá de la crisis económica que recomienda reducir el número de hijos. Según el Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal (de la capital) solo se divorcia el 10% de las parejas. En la calle esa cifra nadie la cree, dado que percibe que el índice es mayor. Hay otra más significativa: entre 1999 y 2009, el 40 % de las parejas que contrajeron matrimonio en el año 99, se divorciaron. Eso explica en parte, la reducción o inexistencia de nacimientos por pareja, hoy cifrada entre un 2.1% y 1,9 % de hijos por cada una.

Por otra parte, la nuestra es una sociedad que decrece, pero otras cifras revelan que la tendencia a crecer continuará hasta el año 2030 y se verá en descenso real sólo pasando el 2050. Se cifra en unos 120 millones de mexicanos la tasa más alta a alcanzar y luego se anuncia su decrecimiento.

Algo es cierto: el país no está preparado para atender una elevada tasa de ancianos. Cambiar infraestructura, modernizar modelos de desarrollo, crear centros geriátricos y asilos, reestructurar con eficacia las pensiones y modificar una cultura en pro del anciano, no son tareas fáciles y sin embargo, son urgentes.

Tal vez pronto ya no únicamente hablemos “de la Vieja Europa”, sino que empecemos hablar de un “Viejo México”, de uno que ha envejecido antes de lo previsto y que enfrentará desafíos puntuales en la valoración y diagnóstico de las necesidades poblacionales apremiantes. Ya el expresidente Vicente Fox lo advertía años atrás: era necesario empezar a pensar no en abrir jardines de niños, sino universidades, para recibir a esa masa creciente de jóvenes que podrían ser, desde un punto de vista generacional, y remitiéndonos a un pasaje de la Guerra del 98, “los últimos de Filipinas”. Tras de los jóvenes nacidos en 94, vendría un decrecimiento poblacional y un envejecimiento notablemente rápido.

México cuenta hoy con 107 millones de habitantes. Veremos si se confirma esa cifra parcial en el censo de 2010. En todo caso es un desafío.

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