Lunes 23 de noviembre de 2009
Un nuevo escándalo sexual sacude a Italia. Después de las fiestas de Berlusconi y el escándalo de las vedettes, la muerte de la transexual brasileña, Brenda, figura relacionada al mundo político nacional, fallecida por asfixia provocada a consecuencia de un incendio, devuelve protagonismo a un turbio asunto que involucra una vez más la política italiana. Se trata de un nuevo misterio “a la italiana”, a base de espionaje, chantajes, sexo y final todavía por aclarar. El hallazgo del cadáver semi-carbonizado reabre un ambiguo y complejo caso, demostrando una vez más la falta de límite entre lo público y lo privado en la escena política italiana. Las condiciones en las que fue hallada Brenda –y que llevó al gobernador de Lazio, Piero Marrazzo, a dimitir- abre el campo a numerosas conjeturas e interrogantes. Se difunde la sospecha que su muerte sirva para silenciar la víctima e intimidar a otros posibles testigos, por parte de personas interesadas (políticos, personajes y empresarios excelentes) en que este escándalo no salga a la luz.
Sin embargo, el punto crucial no está representado por los hábitos sexuales del ex gobernador o de cualquier personaje político: los matices sexuales y los detalles escandalosos son de interés sólo por la prensa del corazón. De gustibus non est dispuntandum y creemos en respetar la total intimidad en esta materia, aunque el servicio público tiene sus exigencias y responsabilidades. Sin embargo, lo más importante de esta historia es aclarar lo que está pasando. Se trata de ir más allá de la crónica negra, ya que parece que el escándalo de los transexuales equivale a la abertura de la caja de Pandora que pone otra vez en evidencia los límites de los políticos italianos: mentirosos, aprovechadores y utilizadores del dinero público para fines privados.
Las dimisiones de Marrazzo no han sido provocadas por sus peculiares costumbres sexuales, sino por el uso de dinero público para fines personales y por haber engañado a opinión pública y a la magistratura. Aunque su gesto ha sido motivado sobre todo por la vergüenza generada por el caso, se debe considerar como un acto honrado y necesario: sería deseable que los políticos indagados dimitan hasta que no se aclaren sus responsabilidades. El agarrarse a los escaños, el obstaculizar el regular curso de la justicia y el mentir públicamente engañando el propio electorado se han convertido en prácticas tan difundidas en Italia como en otros países que la gente, asqueada por una clase política degenerada, ya no valora estas cosas.
La enigmática muerte de Brenda vuelve a enturbiar la situación y alimenta la sensación de que haya algo más detrás de este nuevo escándalo. Mientras el miedo recorre el hemiciclo parlamentario por el desarrollo de esta historia, asistimos a una nueva caída de la imagen de Italia. En este sentido, es de temer que pasemos de estudiar la difundida práctica del transfuguismo de mediados el siglo XX en el Parlamento italiano, a la nueva costumbre del travestismo del XXI.
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