Ricardo Ruiz de la Serna | Lunes 23 de noviembre de 2009
Esta semana se ha celebrado en el Círculo de Bellas Artes de Madrid el II Seminario Internacional sobre Antisemitismo, que organiza la Federación de Comunidades Judías de España. El asunto es del máximo interés pero la pregunta suele recibirse con una sonrisa o con cara de póker: ¿Existe antisemitismo en España? El interlocutor vacila un instante –esto es preocupante- o no vacila en absoluto (esto preocupa aún más) antes de responder con la seguridad que da el prejuicio: por supuesto que no; España es un país de gente tolerante y no hay antisemitas. Otra cosa distinta son las atrocidades que comete Israel. ¿Les suena? Supongo que todos hemos escuchado cosas así.
Pues bien, Manue Toharia señalaba en el Seminario que el antisemitismo existía en España pero no es preocupante. Se entiende que el director de Metroscopia se refería a las cifras, pero no al fenómeno en sí. Yo reconozco que el antisemitismo –como el nazismo- me preocupa siempre. Su sola existencia es alarmante; las cifras dependen de las coyunturas y pueden ser bajas, pero también subir.
Uriel Macías, brillante especialista en bibliografía de asuntos judíos y asesor del seminario, advertía: el antisemita de ahora jamás reconoce esa condición. Antes lo manifestaba a los cuatro vientos. Los judíos han pasado de la visibilidad voluntaria a la transparencia involuntaria. ¿Quién no tiene un judío de cabecera sea vivo o muerto? El antisemita comienza con un aviso: yo tengo muchos amigos judíos pero… Ahí se me suelen saltar las alarmas: en un país donde solo hay 40.000 no pueden ser muchos ni aun conociéndolos a todos. De todos modos, esa es la advertencia, el comentario judeófobo suele venir después: es que es intolerable lo que hacen con los palestinos. Están haciendo lo mismo que los nazis hicieron con ellos. ¿Servirá de algo recordar que en Palestina la población ha aumentado, no disminuido en el último siglo de forma constante? ¿Dónde está la matanza sistemática que los judíos sufrieron a manos del III Reich y sus colaboradores? ¿Ha habido algo siquiera similar a la muerte de un tercio de los judíos de todo el mundo? No, el antisemita no admite argumentos. Mejor dicho, no los admite el odio que lo mueve.
He aquí la gravedad del problema: el rechazo del judío se ha revestido ahora del odio contra Israel –el Estado judío que debe justificar siempre su existencia- y mantiene su base irracional escondido tras supuestos argumentos. El doble rasero que exige de Israel lo que no se pide a ningún Estado del planeta. Así, Israel resulta responsable de los ataques que sufre y de su propia defensa y, en todo caso, su sufrimiento es merecido. ¿Acaso no hemos oído hasta la saciedad que es un Estado colonialista y racista? No sirve de nada recordar a los cristianos que huyen de Darfur y encuentran refugio en Israel. No basta señalar que Hamás y Hizbolá utilizan a su propia población como un gigantesco escudo humano. ¿Acaso no colocan los terroristas polvorines y escondrijos bajos las guarderías y los hospitales?
Lo decía Álex Baer, coordinador del Seminario: Es fundamental diferenciar entre la crítica política y la difamación antisemita. Es verdad. Conozco poca gente que critique tanto a Israel como los judíos en general y los israelíes en particular. Es lo que tiene la democracia: se puede criticar al sistema para fortalecerlo, no para destruirlo. Todo el pensamiento judío se construye sobre la discusión y el argumento. Desde la escuela judía –la yeshivá- hasta la prensa, el mundo judío es un hervidero de discusiones, opiniones, afirmaciones y refutaciones prodigiosas; pero nadie admitirá que la equiparación de los judíos –o del Estado de Israel- con los nazis es una crítica legítima del mismo modo que nadie celebrará la muerte de ningún niño sea judío o palestino. Se podrá discutir si Israel toma decisiones correctas o no –y entre los israelíes siempre habrá gente dispuesta a escuchar un buen argumento- pero nadie puede negar la diferencia insalvable entre una tiranía teocrática, como la iraní, y una democracia. Son miles los palestinos que reciben atención gratuita en los hospitales israelíes mientras los propios israelíes deben pagarla. Son cientos los homosexuales que huyen a Israel porque en Gaza los matan. Son cientos de miles los palestinos a quienes se ha educado en el odio al judío, a Israel y a Occidente durante décadas. Esa rabia inducida y enseñada hasta que se convierte en normal existe también en España.
¿Qué vamos a hacer al respecto?
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