Opinión

La corrupción cerca a Karzai

Martes 24 de noviembre de 2009
Afganistán ha vivido hace bien poco un proceso electoral sumamente atípico. Bien es verdad que el país asiático no está precisamente acostumbrado a acontecimientos semejantes, sumido como lleva en una dinámica de violencia prácticamente endémica. Pero ello no obsta para que el candidato ganador, Hamid Karzai, trate de comportarse como lo que se espera de él, como un gobernante digno. Las acusaciones de corrupción por parte de su adversario, Abdulá Abdulá, fueron una constante durante toda la campaña electoral. La corrupción, de hecho, es algo tan institucionalizado en Afganistán que hasta el propio Karzai en su toma de posesión se comprometió a erradicarla, anteponiendo incluso dicho objetivo al de la pacificación del país.

La tarea, desde luego, se antoja tan complicada como imprescindible. Mal podrá Karzai, o quien sea, gobernar a los suyos si no da ejemplo en su forma de administrar el país. Ahora precisamente tiene una ocasión de oro, ya que se ha sabido que dos de sus ministros y otros altos cargos están implicados en un caso de malversación de caudales públicos. Si el líder afgano es capaz de empezar a limpiar de corrupción la vida política y administrativa, habrá ganado una batalla decisiva. Porque, siendo importantes las operaciones militares contra los talibanes, lo son igualmente las actuaciones tendentes a erradicar a los corruptos oficiales. Haciéndolo, la insurgencia habrá perdido un argumento propagandístico de suma importancia, cual es el de acusar -con razón- a las actuales autoridades de corruptas. Y lo que es más grave, con aquiescencia extranjera. Este campo de batalla, por tanto, requiere de los mismos esfuerzos que el militar. Y más pronto que tarde.