Opinión

POR FIN, LA REFORMA LABORAL

Luis María ANSON | Martes 24 de noviembre de 2009
Lo pidió el Gobernador del Banco de España. Después, los partidos políticos de la oposición. Luego las más prestigiosas entidades del mundo, así como periódicos internacionales especializados.

     Zapatero decía que no. "Que nadie me hostilice a los sindicatos que me organizan una huelga general y laminan mi imagen de progresista". La política económica se decidía entre Zapatero y Cándido Méndez. "Que se fragilice la economía pero que no pierda yo un sólo voto sindical", se decía Zapatero. Pero los empresarios no se pusieron de hinojos. Resistieron. Están cerrando 300.000 empresas al año y de ahí deriva la hemorragia del desempleo. Pero Zapatero erre que erre despilfarrando el dinero público en los Ayuntamientos en lugar de ayudar a la pequeña y mediana empresa.

     Los sindicatos, que han rendido grandes servicios a la democracia española, carecen ahora de credibilidad. Viven, tal vez al 90%, de las subvenciones del Gobierno. En tanto no se democraticen y acepten que se tiene que atener a los ingresos producidos por las cuotas libres de los asociados, será difícil que los observadores imparciales crean en la sinceridad sindical.

     Hay que reformar el mercado laboral porque no somos competitivos. Se han hecho tantas concesiones y de tan vario género, que está bien que los trabajadores tengan derechos siempre y cuando acepten también sus deberes. No quiero entrar en el fondo de la cuestión que conozco bien. Parece que Zapatero se ha tragado por fin el sapo y que está dispuesto a que sus marionetas negocien la reforma laboral. Ojalá se llegue a una fórmula equilibrada que permita progresar a la economía española y competir a nuestros productos en los mercados internacionales.

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