Norberto Alcover | Miércoles 25 de noviembre de 2009
En la reciente Plenaria de la Conferencia Episcopal Española, su Presidente, el cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco, nos ha comunicado a todos los creyentes católicos unas cifras del todo punto alarmante. Resulta que si en España hay 23.286 parroquias, nada menos que 10.615 carecen de sacerdote para su correspondiente servicio ministerial. Esto quiere decir que más de un tercio de tales parroquias van quedando en barbecho, y se convierten no ya en territorio de misión, como todas las demás, antes bien en territorio abandonado para la evangelización. Por su parte, la media de los sacerdotes españoles (imagino que se trata del clero secular solamente), alcanza los 63 años, pero en algunos lugares llega a los 72,04. Cualquier comentario al respecto sobra.
Uno piensa, desde el más acendrado amor a la Iglesia y a su naturaleza evangelizadora, que nos ha llegado el momento de modificar un montón de estructuras eclesiales si es que deseamos de verdad hacer frente al desafío que Rouco Varela nos ha servido en bandeja, pero que es extensible a cualquier rincón del mundo desarrollado. Porque si nos empeñamos en mantener la actual estructura parroquial en una sociedad que para nada es la misma que cuando ésta se instituyó, caminamos a una incapacidad de hacer frente al sagrado deber de evangelizar que, repito, es el deber que comunica sentido y naturaleza a la misma Iglesia desde un punto de vista teológico. Supongo que esta apreciación se comprenderá por cualquier lector de estas líneas, porque es obvia.
No es fácil mover las estructuras eclesiales, y en concreto ésta de naturaleza parroquial. Pero de no hacerlo, las cifras entregadas por nuestro cardenal se convertirán con el tiempo en dedos acusadores de nuestra inoperancia ante los signos de los tiempos. Nunca la responsabilidad es de Dios: siempre es nuestra que nos empecinamos en mirar a otro lado.
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