Opinión

Pandemia y “guerra bacteriológica”

Manuel Cobo del Rosal | Viernes 27 de noviembre de 2009
Antes de nada debo manifestar, y ya lo he hecho en otras ocasiones y hoy lo hago especialmente el verdadero pasmo que me produjo ver en directo como los miembros del Congreso de los Diputados de las Cortes españolas mayoritariamente, se pusieron de pié y levantaron la sesión con una cerrada ovación por parte de los pertenecientes al entonces partido mayoritario, en concreto el PP, por aprobarse la entrada en guerra de España contra Irak. Nunca en mi vida había visto cosa igual, de semejante euforia por entrar en una guerra de agresión contra un país que ni había hecho nada a España ni a los españoles.

No se hizo entonces una rechifla ni abucheos ni vocerío por parte de los abundantes parlamentarios del grupo minoritario entonces el PSOE, sino que se fue disolviendo y despejando el hemiciclo, y aquí no ha pasado nada. Y si pasó, pasó algo horrible. Como horrible es aplaudir la matanza masiva que era claro se avecinaba de iraquíes, sobre todo, musulmanes, árabes que, sometidos a una dictadura cruel y miserable, por Sadam Hussein, no tenía más pecado, que haber nacido en aquél país. Ni que decir tiene que el cruel atentado de Atocha está en estrecha relación de causa a efecto con la antecedente actuación del Parlamento y el Gobierno español.

Hoy ya ni los más cínicos defensores de la derecha, lo discuten a pesar de la fallida maniobra de distracción de que había sido una actuación terrorista etarra, propiciada por algún infame y hediondo vendedor de falsedades y calumnias cuanto mayores más enriquecedoras y jugosas. Por supuesto, ni ese individuo se ha excusado, ni tampoco el partido promotor de tamaña ferocidad bélica tampoco, ni menos el inefable y ahora acicalado Presidente entonces del Gobierno, con su palurda y grotesca foto en las Azores, menos todavía. Cómo se va a excusar con el partido que, personalmente, le ha sacado impensables beneficios a la planificación del asesinato en masa. Sólo una mueca, rústica y siniestra, como sonrisa desde la bella isla Portuguesa. No creo que ésta tenga que ver nada con que el Sr. Blair, arrepentido, se haya convertido al catolicismo, cuya primera autoridad espiritual, como debe ser, siempre se mostró radicalmente contraria a la carnicería vil, planificada desde los centros de poder que fue ratificada por la pareja de botarates como simple operación de imagen en unión de su leader intelectual, por llamarlo de algún modo.

Veo cierta similitud en el comportamiento, mediático y político, que se está concretando y acentuando con la llamada “pandemia”, primero porcina y luego gripe A, dado que los cerdos siguen tan panchos y ni uno solo que sepamos ha fallecido por el supuesto virus. Conviene recordar que un pequeño niño mexicano de una modestísima aldea, fue señalado como agente causal de la trasmisión del virus porcino a los humanos. Los mejicanos fueron las primeras víctimas de la llamada primera epidemia y después, sin atenerse a los requisitos de la propia OMS, declarada pandemia. Inexplicablemente se trata de una pandemia, según leo en prensa e internet “inexistente”. Pero, lo que sí van a existir y va a constituirse en una auténtica locura patológica, locura en cuanto a enferma y veraz patología se refiere es la famosa vacuna. En la página digital de “Discovery salud” se publica un muy interesante reportaje en donde se mezcla el “tamiflu” con el “negocio del miedo”. La audición y la visión de los distintos informes entre los que destacan el de la monja española Dra. Dña. Teresa Forcades y el de la ex ministra de sanidad de Finlandia Dra. Dña. Rauni Kilde, son esenciales para la correcta comprensión del problema, con independencia de las alegaciones y vinculaciones de personajes tan poco simpáticos como el execrable Donald Rumsfeld que según el reportaje citado ha sido el principal beneficiario no sólo de la guerra de Irak, sino también del negocio de las vacunas. Y lo mismo habría que decir de la famosa vacuna contra la viruela que la alto parlante e inepta Ministra de Sanidad española, a la sazón Dña. Ana Pastor se hartó de comprar “por si” el dictador Sadam Hussein nos inundaba de virus de la viruela. Ante ese temor de la suspicaz Sra. Pastor, generosamente el Gobierno español, siempre dispendioso con la nada, gastó millones de euros.

Quizás se gastaron menos que con las olimpiadas que resultaron ser tan irreales como la misma realidad de la llamada“guerra bacteriológica” del pública e inicuamente ejecutado Sadam Hussein, que aguantó su muerte indigna con gran valentía, por cierto. Con el virus de la gripe porcina, denominado A o con cualquier otra sigla, está sucediendo exactamente lo mismo. Ningún organismo científico, medianamente serio, español ha estudiado que se sepa dicho virus ni su génesis ni composición ni sus devastadores efectos para constituirse en una pandemia, pues sin ninguna explicación dijo la asiática representante de la OMS, que después de descabezar miles de pollos en los países asiáticos, la verdad es que no se atrevieron a matar decenas o miles de puercos ni norteamericanos ni europeos. Tendría un coste excesivo quizás: los cerdos valen más que los pollos.

En cualquier caso, el negocio de la vacuna derivada del “anís estrellado”, es sencillamente monumental. Todavía superior al beneficio obtenido por el petróleo iraquí. Y eso sin disparar un misil, solo poniendo en serio y grave peligro la salud especialmente neurológica de millones de incautos y asustadizos ciudadanos, candidatos a ser vacunados. No se ha hecho en España y debiera hacerse una amplia convocatoria para que científicos, serios e independientes, microbiólogos, farmacólogos, biólogos, miembros de las Reales Academias de Medicina y Farmacia, etc de Facultades de Medicina y de Biología españolas, del CSIC y de institutos de investigación, todos con especialistas sobre el tema analicen, detalladamente, la composición y efectos de la cuestionada vacuna. No. No se ha hecho nada.

Se ha puesto en marcha el cochambroso y costoso motor de la Administración pública y se han reunido con los consejeros de las diferentes Comunidades Autónomas que, como tampoco, la Ministra de Sanidad, carecen de la menor noción sobre la cuestión, pero no con los que saben del tema, que son los científicos, y precipitadamente se han adoptado medidas, como si de una pandemia se tratara, y esto es lo que está por ver, así como sobre todo la eficacia o no del repetido (“anís estrellado”) “tamiflu”.

En lugar de antes cerciorarse y tocar fondo con la verdad, como generalmente sucede la Administración española ha dado por buena la versión que nos llegaba de USA sin cuestionarla, en los laboratorios, con microscopios excelentes, que según parece ya hay aquí en España, ni tampoco en régimen de consulta con el Instituto Pasteur de París que habría colaborado o seguramente tendrá algo ya avanzado sobre el particular.

Con verdadera superficialidad y ligereza, cuando no palurdismo servilita, se ha conducido la administración, como si de un dogma de fe para católicos se tratara y se ha lanzado temerosa, ignorante, una vez más, por la senda del gasto y el despilfarro comprando millones y millones de vacunas a millones y millones de euros cuando estamos aterrorizados de los millones y millones de parados de los que no se vislumbra salida de ninguna clase, y todo sin ver hasta el momento los devastadores efectos de una real pandemia. Solo los resultados habituales de la gripe estacional. A todo esto, los poderes públicos sin entrar en el tema y solo la oposición lo hace, cuando unos soldados adquieren una bronquitis y tienen unas décimas de fiebre para increpar impíamente a la Ministra de Defensa.

Desde luego si se me exige una opinión la doy: En España, al menos, no hay que vacunarse contra la gripe porcina, hasta que los científicos, microbiólogos, farmacólogos y biólogos moleculares, españoles e independientes etc, no digan en que consiste la vacuna, composición y efectos secundarios y naturaleza y consecuencias del supuesto virus porcino, que según parece, es tan bondadoso que ,a veces, se presenta como un ligero resfriado común y en el peor de los casos como una leve neumonía estacional.

De todas formas, la Ministra de Sanidad española, Dña. Trinidad Jiménez a la cabeza podría tener una reunión durante un par de horas con la monja Dra. Dña. Teresa Forcade sobre el tema de la vacuna y del virus que les iba a decir lo que ella sabe, piensa y siente. Al menos antes de comenzar a infectar a la incauta población española con una vacuna que parece sumamente sospechosa, según los expertos ¿Por qué no invita Trinidad Jiménez a pasar una semana en Madrid a su ex colega de Sanidad de Finlandia Dra. Rauni Kilde?

Con toda seguridad ella y los asesores del Ministerio de Sanidad se informarían de algunos extremos antes de tomar decisiones que, por el momento, cuando menos se pueden reputar como frívolas, temerarias e irreflexivas y cuyas consecuencias graves pueden ser incluso la génesis de responsabilidades penales y civiles, en su día.

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