Opinión

Hay que modernizar el ferrocarril en Argentina

Alieto Guadagni | Miércoles 02 de diciembre de 2009
La próxima reunión en Copenhague deberá ser un hito en el esfuerzo por la reducción de los gases contaminantes. Entraremos en un periodo de esfuerzos globales para afianzar la conservación energética y mejorar la eficiencia en el consumo de hidrocarburos, por esta razón prosperaran múltiples iniciativas para tener modos de transporte más “limpios”. Avanzara el transporte público, la industria automotriz producirá vehículos que minimizaran el consumo de combustibles, y se expandirá el transporte fluvial. También el ferrocarril recibirá un impulso, incluso en naciones que carecen de tradición en este transporte desarrollado a mediados del siglo XIX. Argentina tiene una larga tradición ferroviaria, cuando las inversiones inglesas, hace ya más de 100 años, tendieron una extensa red de casi 40000 kilómetros, que involucro no solo al ferrocarril de cargas sino también al transporte urbano e interurbano de pasajeros. Pero por muchas razones este modo de transporte hace décadas que está en decadencia en Argentina sufriendo una descapitalización en infraestructura y en material rodante. Pero las cosas comenzaran a cambiar en el futuro.

El nuevo panorama estará signado por el tránsito desde una situación con energía abundante, exportada y barata a otro donde la energía será escasa, importada y cara. Esta nueva situación tendrá un impacto en los costos de transporte. La pérdida del autoabastecimiento energético se expresara en importaciones de combustibles. Por esta razón los precios de los combustibles tenderán en el futuro a adecuarse a los altos valores de importación, como ocurre en Chile, Paraguay, Uruguay, Brasil y Perú donde cuestan bastante más. En este escenario tenemos que prever alzas en los costos agrícolas, los cuales impactaran mayormente en las zonas alejadas de los puertos, afectando la rentabilidad de las economías regionales. Los costos logísticos de exportación, cuyo principal componente es el costo de transporte camionero son nada menos que el triple del vigente en Estados Unidos y los países industrializados, pero superiores también a los vigentes en Chile, México, Colombia y Brasil. Influyen en estos altos costos la decadencia del histórico ferrocarril de cargas, que hoy apenas transporta el 7 por ciento de las cargas, mientras que el camión transporta más del 90 por ciento. La modernización del ferrocarril de cargas, podría contribuir a preservar la competitividad del agro sobre el cual se ciernen perspectivas de encarecimiento en sus costos. El modelo a imitar es Canadá y los Estados Unidos, países con fuerte agricultura y con similitud geográfica con nosotros, donde el ferrocarril transporta el 36 por ciento de las cargas, es decir proporcionalmente más de cinco veces del volumen argentino.

Podríamos entrar en este “primer mundo ferroviario” a través de la modernización de la extendida red ferroviaria, de esta manera la política de transporte compensaría los efectos negativos que la pérdida del autoabastecimiento petrolero tendrá sobre los costos. Esto parece más sensato que la intención de construir un tren bala para pocos pasajeros. El transporte ferroviario podría contribuir a la competitividad mediante una mayor participación en el transporte comenzando por el estratégico Belgrano Cargas que transporta la mitad de cargas que hace una década. El objetivo inmediato debería ser un ferrocarril de cargas que circule con seguridad a 80 kilómetros horarios. Esta demorada modernización ferroviaria no podrá ignorar al ferrocarril de pasajeros de larga distancia (que podría circular a 100/120 kilómetros) ni tampoco a los urbanos. Nuestra extensión territorial y la importancia de la agroindustria exigen mejorar el ferrocarril de cargas y además el desarrollo tecnológicamente asociado del tren de pasajeros, estimulando así una industria ferroviaria propia. Entremos a la modernidad ferroviaria atendiendo las necesidades de producción que debe competir en el mundo y también las aspiraciones de la gente que merece viajar decentemente. Además, si tenemos en cuenta que las emisiones contaminantes de la carga ferroviaria son por lo menos un 80 por ciento inferiores a la transportada por automotores, estaríamos haciendo una gran contribución a la mitigación del cambio climático global, que de eso se trata la reunión de Copenhague.

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