Opinión

La economía insostenible de Zapatero

Jueves 03 de diciembre de 2009
Pocas veces durante los últimos tiempos el Parlamento español ha concitado tanta unanimidad como la que se dio ayer ante la comparecencia del señor Rodríguez Zapatero. El Presidente tuvo que hablar de eso que tan poco le gusta, la economía, no se sabe si por la marcha de la misma o por sus escasos conocimientos de la materia. Lo cierto es que su proyecto de Economía Sostenible no gustó a nadie. La práctica totalidad de fuerzas políticas se despacharon a gusto con una ley que consideran “inútil”, “propagandística” y “tremendamente ineficaz”, entre otros calificativos. Hay que decir que la opinión no es mejor entre loas agentes sociales, ya que tanto patronal como sindicatos la critican con igual firmeza, aunque por diversos motivos. Y tampoco es del agrado de la mayoría de analistas económicos de prestigio, esos que llevan alertando desde hace tiempo sobre la imperiosa necesidad de emprender reformas estructurales.

Por si todo esto fuera poco, además es una ley cara: sólo las medidas fiscales que conlleva superarán los 1.300 millones de euros, a lo que hay que añadir los 20.000 millones con que estará dotado el llamado Fondo de Economía Sostenible. ¿Y para qué? Ni se sabe, ni se espera respuesta inmediata. Porque, efectivas o no, las medidas que el Gobierno pretende llevar a cabo con su proyecto de Economía Sostenible bien podían haberse desgranado en su totalidad el viernes, en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros. De no haberlo hecho así, tampoco habría estado de más que las hubiera detallado ayer el Presidente, en lugar de lanzar algunos titulares y reservarse los demás para cuando estime conveniente ocupar más portadas.

La economía de un país es algo demasiado importante como para dejarla en manos de alguien que ni le gusta ni la entiende. Y lo que es peor, que no atiende a razones. Hablar de sostenibilidad de las administraciones públicas y despilfarrar cantidades ingentes de dinero en el creciente déficit de las comunidades autónomas no se antoja la mejor receta para salir de la crisis. Tampoco eliminar la deducción por vivienda en un país de amplia cultura compradora y donde la mayor parte de hogares han de soportar todos los meses la pesada carga de una hipoteca. El único aspecto positivo de la última ocurrencia pirotécnica del señor Zapatero es que a partir de ahora las sanciones que Europa imponga a corporaciones locales y comunidades autónomas por asuntos que sean de su estricta competencia ya no las afrontará la administración central, sino la infractora. Quien rompe, paga. El problema es que la economía española está a punto de romperse, y lo que necesita es que la sostengan con reformas de verdad, en lugar de golpes de efecto y ocurrencias de opereta televisada.

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