El delantero argentino ya forma parte de los elegidos del fútbol mundial con tan solo 22 años. El cuidado y desarrollo de su talento innato le ha proporcionado el galardón al mejor jugador del año 2009, el Balón de Oro. Messi es el futbolista más desequilibrante y decisivo en la actualidad. Su fútbol es imparable cuando está secundado por el ramillete de excelentes pasadores que le acompañan en el Barcelona. Pero, ¿por qué es tan incontrolable para las defensas rivales? El Imparcial analiza las claves de su exquisito juego.
Lionel Andrés Messi ha conseguido poner de acuerdo a los organismos que gestionan el fútbol mundial y la prensa deportiva internacional sobre quién es el mejor futbolista del mundo. El juego desplegado por el argentino ha sobrepasado los límites que le adjudicaban sus detractores y su evolución a desbordado el optimismo de sus admiradores, que le sitúan como sucesor real del mejor
Diego Maradona y en el trono de dominador del fútbol mundial de los próximos años.
El desarrollo que ha alcanzado
Messi desde que
debutara como profesional con el
Barcelona, el
16 de octubre de 2004 en un partido de liga contra el
RCD Espanyol, le ha proporcionado varias armas que le convierten en irresistible para el éxito. De su fútbol se desprenden cuatro conceptos básicos que el argentino potencia cada vez que sale al terreno de juego. El delantero de
22 años se ha convertido en el jugador que más diferencia ha conseguido sobre el segundo clasificado en la historia del
Balón de Oro, es decir, ha arrollado con sus aptitudes al resto de competidores.
La característica que más brilla cuando contacta con la pelota y que le convierte en un futbolista especial –desde que jugaba en los infantiles de
Newels en
Argentina- es la conducción del balón.
Messi se “ata” el esférico a los cordones de sus botas y lo acaricia hasta enviarlo a la red o marear a los defensas rivales con cambios de ritmo. Leo sitúa la dificultad para los defensores que pretenden robarle la pelota al nivel máximo, ya que el balón siempre está en contacto con sus velocísimos pies. Cuando controla y encara a su marcador, el argentino goza de varios segundos de ventaja para maniobrar ya que lleva la pelota controlada de forma que siempre está alejada de los lentos rivales. La
capacidad de desborde alcanzada por el nuevo
Balón de Oro es única. No necesita realizar movimientos disuasorios como la “bicicleta”, su
verticalidad y control superlativo del balón le permite tumbar a cualquier defensor de la Tierra sin lujos ni dificultades.
La
velocidad con y sin balón es otro de los elementos que
Messi ha potenciado hasta el extremo. Su capacidad de desborde está relacionada de forma directa con la velocidad que exhibe y sonroja a los defensores rivales. La frase que define este fundamento futbolístico la ha pronunciado el ex jugador argentino
Jorge Valdano: "
sabes perfectamente lo que te va a hacer cuando coge el balón pero resulta imposible impedir que lo haga por su rapidez". Es decir, el delantero aplica su velocidad innata al juego y la asocia con su inteligencia para leer los espacios y huecos defensivos. La mezcla de velocidad, control de balón y desborde ha regalado al mundo del fútbol jugadas y goles en solitario como el que anotó al
Getafe en las semifinales de la Copa del Rey del año 2007. Aquel día
Messi se confirmó como estrella recién llegada al fútbol y como digno imitador de
Diego Maradona.
En sus primeros años de suplente en el
Barcelona Messi no se mostraba demasiado acertado de cara a portería. Pero su trabajo y esfuerzo para pulir su
rendimiento goleador le ha permitido adquirir la fiabilidad del mejor delantero centro. El argentino anotó un gol en su año de debut y seis, 14 y diez en sus tres temporadas siguientes. Registros goleadores buenos para su edad, pero no eran datos de un superclase. Sin embargo su eclosión como figura mundial en la pasada temporada elevó su cifra de
goles a 23 en Liga,
nueve en Champions League (máximo goleador del torneo) y
seis en Copa. El pequeño delantero ha mostrado un olfato goleador que le era ajeno –excepto ocasiones aisladas como el “
hat trick” que le endosó al Real Madrid en marzo de 2007- y que le ha permitido decidir algunos de los partidos más importantes de su carrera, como la pasada
final de la Copa de Europa en la que firmó el 2-0 frente al
Manchester United inglés.
El cuarto elemento que le convierte en un futbolista de categoría imponente es su absoluta
capacidad para entender el juego, para conocer las necesidades de su equipo en cada momento.
Messi ha jugado pegado al extremo derecho, pegado al extremo izquierdo y como delantero centro. La variación en la disposición sobre el campo provoca bajadas en el rendimiento de algunos futbolistas, que no consiguen adaptarse y se pierden en su nueva posición. Leo no solo se adapta sino que mantiene su brújula orientada siempre al gol, suyo o de algún compañero. Por eso ha alcanzado el nivel superlativo que exhibe. El delantero argentino goza de una
comprensión del juego tan elevada que en ocasiones se arremanga en defensa, en otras reparte juego como un mediocampista más, y en otras recoge la pelota y no la cede hasta que el árbitro pite una falta a su favor.
La fórmula que ha elevado a
Messi a los altares futbolísticos con tan solo 22 años de edad es la suma de estos cuatro conceptos. Cuando la velocidad vertiginosa aplicada a la verticalidad en el fútbol se une a un control de balón desesperante para los defensores, el delantero se convierte en un quebradero de cabeza muy incómodo para una zaga. Si se le añade el olfato de un goleador se alcanza una nota sobresaliente en la valoración del jugador. Pero si ese conjunto de valores se completa con la capacidad de comprensión del juego de un catedrático del fútbol –como fue
Zidane o Cruyff-, el resultado es un futbolista único.
Estas son las características que han aupado a
Leo Messi al trono de mejor futbolista del mundo. Con una insultante juventud, el argentino goza de un palmarés inimitable:
tres Ligas españolas (años 2005, 2006 y 2009),
dos Champions League (años 2006 y 2009),
un Mundial sub-20 (año 2005),
una medalla de oro en los JJOO de Pekín, un Balón de Oro (año 2009),
dos segundos puestos en el Fifa World Player (años 2007 y 2008),
mejor jugador de la Champions League 2009…
Leo Messi tiene las herramientas necesarias para superar lo ya conseguido y ascender al olimpo del fútbol. La repercusión en la historia del balompié de este delantero argentino sólo está limitada por la suerte –lesiones- y la mentalidad. Si el jugador del
Barcelona continúa su progreso y mantiene su nivel de esfuerzo y compromiso con el deporte, el niño de Rosario puede ser recordado a la altura de los grandes. El deseado sucesor de
Maradona puede materializarse para disfrute de la hinchada argentina y por extensión de los aficionados al buen fútbol.
Alfio Basile, seleccionador clásico del combinado argentino refleja a la perfección las sensaciones que está despertando
Messi cuando realiza acciones “sobrenaturales”. Tras anotar uno de sus mejores goles ante
México en la pasada Copa América,
Basile exclamó: “
tienen que cerrar el estadio, eso solo lo hacen los genios. “
No se duda. Nadie hace lo que Messi” comentaba uno de los mejores futbolistas de la historia,
Alfredo Di Stéfano. Incluso rivales circunstanciales como
Fabio Capello explicaba que “
Cristiano Ronaldo es un jugador con mucha velocidad, muy bueno, muy técnico, pero Messi es genial”.
Mejores goles de la carrera de Leo Messi