Opinión

Pero, pero ¿Berlusconi es un mafioso?

Andrea Donofrio | Domingo 06 de diciembre de 2009
El arrepentido Gaspare Spatuzza, autor de unas decenas de crímenes ha acusado a Berlusconi y a Dell’Utri, su intimo, de colusión y cooperación con la Mafia. Después de una repentina o sanpabliana conversión al cristianísimo, Spatuzza ha confesado el deseo de “contar su verdad” sobre el pacto que sellaron la mafia y el joven Berlusconi, empresario en ascenso al poder. El trato, muy simple consistía en que la Mafia habría favorecido el glorioso descenso en política del Cavaliere con el compromiso que él se comprometiese a mejorar las condiciones penitenciarias de los mafiosos una vez llegado al poder.

Ya, curioso que los abogados de Dell’Utri hayan hecho todo lo posible (y más…) para frenar el interrogatorio considerándolo improcedente. Ya, menos curioso, resulta que el mismo ya tiene una condena en primer grado a 9 años por el honorable “concurso externo en asociación de tipo mafioso” (además de un crimen de fraude fiscal cuya pena ya ha sido pactada). Ya, el mismo que define a Vittorio Mangano, condenado por Mafia y varios homicidios a dos cadenas perpetuas, “como un héroe”. Ya, quizás, no tenga razón Sofri a la hora de subrayar que fue “un héroe de la Mafia ya que prefirió morir en la cárcel que no contar a los Magistrados la verdad”.

Y, ¿de qué se preocupa Berlusconi? No tanto de defenderse, acostumbrado a atacar, como de declarar de que en esta manera se “sputtana il paese, si fa una brutta figura”, mostrando enfado por la presencia de periodistas extranjeros en el Tribunal. Los trapos sucios se lavan en casa como afirmó indignado Giulio Andreotti al ver la película “Ladrón de bicicletas” del grande Vittorio de Sica. Cabe recordar, que, días antes, había ironizado diciendo, ante un grupo sonriente de jóvenes de su partido en Cerdeña que: “si encuentro a los que han filmado los nuevos episodios de “La Piovra” (serie italiana sobre la Mafia) y a los que escriben libros sobre la mafia, los estrangulo”. ¿Cómo? Vaya forma de desdramatizar. Y, sin ánimo de ofender a nadie, hay que reconocer que los militantes de su partido parecen unos idiotas. Está bien que se rían de su chiste muy malo sobre los afectados por SIDA, pasé que se sonrían a sus bromas machistas, pero, no me fastidien, ¿cómo pueden reírse de eso? De Mafia hablamos, ¡chavales! A veces pienso que, quizás, se rían de él y el idiota sea yo (aunque no olvidamos que Capezzone –único ejemplo al mundo de laico-cato-radícalfascio- es un digno representante de la juventud berlusconiana!). Pero hombre, hacer del humor sobre los libros de Mafia, efectivamente “excede” cualquier expectativa. Escribir de Mafia es una forma de combatirla, de abrir los ojos, obligar al Estado a una reacción. Ya, es un intento de involucrarlo en una problemática frecuentemente arrinconada e infravalorada. Y, ¿cómo puede afirmar que “si hay una persona que por índole, sensibilidad, mentalidad, formación, cultura y esfuerzo político está lejísimos de la mafia, esa persona soy yo?” Dime de qué presumes y te diré de qué careces…añadiendo: “Si hay un partido que en estos años se ha distinguido por luchar contra el crimen organizado, ese partido es Forza Italia y ahora el Pueblo de la Libertad”. Los pájaros tirándole a las escopetas. A veces sospecho que tenga razón Di Pietro afirmado que esto sea cierto ya que su forma de combatir la mafia consiste en “tenerlo en casa, llevarlos al Parlamento”.

Pero ahora, el país parece en estado de shock, creyendo terminada la temporada del “andreottismo”, de los pactos mafia-Estado. Sin embargo, no hay que llegar a conclusiones precipitadas: el jefe de gobierno cuenta con la presunción de inocencia hasta que no se corroboren los hechos, que los jueces no confirmen que se trata de verdades o acusaciones falsas. Por eso, Berlusconi debe contar con la posibilidad de defenderse con todos los medios legales, respectando las reglas del Estado de Derecho, las normas validas en el interés de cualquier ciudadano. Lamentablemente, su historial judicial y el ejemplo ofrecido con el caso Mills no permiten gran optimismo, ya que su manifiesto intento de manipular la ley, crearse leyes ad personam, garantes de su inmunidad han mostrado una cierta alergia-incapacidad de acudir a los tribunales. Esta vez, Berlusconi debe demostrar que quiere defenderse de estas acusaciones infamantes en los cauces legales, como una democracia exige. Está en juego la credibilidad del país y, por lo tanto, cabe esperar una asunción de responsabilidad de parte de la entera sociedad civil y, sobre todo, de quien la representa: es deber de los jueces investigar detalladamente estas acusaciones, mientras la oposición debe evitar instrumentalizar políticamente el asunto y Berlusconi defenderse por la vía legal. Eso sería lo correcto, pero bueno, estamos hablando de Italia.

Ps. ¿No-B day? Hay que tener duro y esperar que Berlusconi siga el sabio consejo del pueblo: dimitir para poder defenderse mejor, sin otras preocupaciones. Pero este cuando dimite…decía el gran Sandro Pertini: “La política debe hacerla quien tiene las manos limpias”. Por eso, él parece que las tiene cerradas.

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