Sábado 12 de diciembre de 2009
Madrid suele ser escenario de las más variopintas manifestaciones, habida cuenta de la repercusión que alcanzan. La de ayer sábado no fue una excepción, e incluso puede decirse que llevaba tiempo aguardándose. Y es que, dada la gravedad de la recesión económica que vive España, era de esperar que los sindicatos se movilizasen en la calle. Al menos, ahora sí puede decirse que han hecho algo, aparte de cerrar filas con el Gobierno y haberse mantenido fuera de la circulación desde que estalló la crisis.
Es un hecho que las posiciones entre la patronal y las centrales sindicales suelen estar enfrentadas. Ocurre que, en esta ocasión, los empresarios han aportado su visión de cómo salir de la crisis, aportando sus recetas ad hoc. No en vano, son ellos quienes generan riqueza y empleo y, obviamente, son los más interesados en que la situación revierta lo antes posible. Por el contrario, los sindicatos han seguido ocultos en su inacción sufragada por todos y, cuando no les ha quedado más remedio, se han dedicado a arramblar contra todo y contra todos. Salvo el Gobierno, claro está. Hay que apuntar en el debe de José Luis Rodríguez Zapatero el haber domesticado a unas centrales sindicales que, ante la que está cayendo, podían resultar sumamente perjudiciales para los intereses mediáticos del PSOE. En cambio, una manifestación donde CCOO, UGT y demás apoyan al Gobierno y atacan a la patronal, el PP y la “oligarquía” no es algo que esté mal visto en Moncloa.
La labor principal de los sindicatos es defender los derechos de los trabajadores. Y desaparecer del mapa cuando España atraviesa uno de sus peores momentos en materia de destrucción de empleo no parece la mejor manera de hacerlo. Tampoco el prestarse a hacer de fuerzas de choque de un Gobierno responsable en gran medida de que la recesión no sólo se haya estancado, sino que siga yendo a peor. Así las cosas, poca credibilidad pueden tener a la hora de velar por los trabajadores quienes se manifiestan por que las cosas sigan tal cual están, cuando realmente están tan mal.
El problema de los sindicatos españoles es su falta de independencia. Sus funcionarios están “liberados” –léase pagados- por los contribuyentes. Además, lo cierto es que sus intereses, actuaciones y propuestas no están cerca de -ni ayudan- a los trabajadores en paro.
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