Opinión

Palomas y presos

Aurora Nacarino-Brabo | Domingo 13 de diciembre de 2009
Yo he visto dónde duermen las palomas. Las he visto en la calle Mayor de Lerma, a ambos lados sobre las fachadas, con la cabeza enterrada en las plumas, a salvo de los rayos de luz que proyectan las farolas. Después he vuelto a casa y he descubierto sobre la tapia una gran pintada que reza: “presos a la calle”. Me ha parecido fastidiosa y aburrida. Sin embargo, es claro que para su autor encarna una declaración de amor. Personalmente hubiera preferido algo más romántico, pero no soy yo la destinataria de tal arrebato de pasión, sino esa mujer que nubla la razón a los hombres y a la que algunos llaman “patria”. Siendo así, me he dicho, un discreto “verte y después morir” hubiera denotado mejor gusto.

En cualquier caso, no he podido evitar preguntarme cuánto la amaría. Me vienen a la mente algunas unidades de medida. Pienso en el viejo puente de piedra sobre el Arlanza, a su paso por Puentedura. Pienso en Suzanne susurrada por Leonard Cohen, y tarareo 'Who by fire' (“who shall I say is calling?”). Pienso en los versos más tristes de Neruda, y en las elecciones del 82, y en el último discurso de Allende en La Moneda. Pienso en ese poema, “Aunque tú no lo sepas”, de Luis García Montero. Pienso en Pablo Milanés cantando “yo pisaré las calles nuevamente” y en el Cristo de Velázquez, y en un cartel republicano de la Guerra Civil y en el cabaret de Toulouse Lautrec. Pienso en esa canción que dice: “te extraño y esto duele”, y en esa otra que asegura: “la suerte es una ramera de primera calidad”. Pienso en el hombre que era jueves, y en un artículo de Vicent, y en aquel jabalí que dio esquinazo al cazador. Pienso en la voz a ti debida y en las aladas almas de las rosas y en un pequeño vals vienés. Pienso en el golazo de Zidane en la final de la Copa de Europa y en Lilu cuando duerme la siesta en el sofá. Pienso en el elegante rolido de Michael Phelps, y en la Gran Vía de Madrid iluminada por la noche, y en el capitán Raúl. Pienso en la tortilla de patatas de papá, y también en Mary Poppins y en 'El graduado', con música de Simon y Garfunkel.

Pienso en este montón de muchas cosas, y creo que ninguna patria vale más que una sola de ellas. Entonces vuelvo a leer: “presos a la calle”, en esa pintada fastidiosa y aburrida, ahora más aburrida si cabe, realizada con un trazo grueso de color negro y letras desiguales. Y se me ocurre que esos presos son exactamente lo opuesto a las palomas que el grafitero no ha visto dormir, pero yo sí. Porque yo he visto dónde duermen las palomas. Las he visto en la calle Mayor de Lerma, a ambos lados sobre las fachadas, con la cabeza enterrada en las plumas, a salvo de los rayos de luz que proyectan las farolas.

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