Miércoles 16 de diciembre de 2009
La resolución aprobada ayer en el Congreso de los Diputados por la que el PSOE solicitaba al Gobierno que emprenda gestiones “al máximo nivel” para resolver la situación de la saharaui Aminatu Haidar supone el reconocimiento explícito del fracaso de Exteriores. Por el eufemismo “máximo nivel” cabe inferir que el Ejecutivo encarga una gestión tan delicada como importante a la Corona, sabedor de la habilidad de Zarzuela a la hora de manejar este tipo de situaciones. Don Juan Carlos se ha revelado siempre como un reputado embajador, y dejar en sus manos la conducción de un asunto que se ha tornado tan espinoso induce al optimismo, aunque no deja de evidenciar un lado patético.
Pero que nadie se lleve a engaño; la petición socialista, que nace de los grupos minoritarios de izquierda, es un regalo envenenado para Zarzuela. España es una monarquía parlamentaria, y el papel que corresponde al Rey queda nítidamente definido en el Título II de la Constitución. Otra cosa es que el monarca español, en virtud de su ejemplar desempeño de funciones, lleve a cabo una labor diplomática de vital importancia que generalmente obtiene excelentes resultados, pero es al Gobierno de la Nación a quien corresponde dirigir la política exterior. Es sabido el enorme complejo que desde siempre ha sentido parte de la clase política española ante Marruecos, especialmente algunos socialistas. Rabat no es precisamente un vecino de fácil convivencia, y más desde que José Luis Rodríguez Zapatero está en el poder. Así las cosas, lo suyo sería que la postura desde Madrid fuese tan cordial como firme, para permanecer en una situación de paridad entre estados, en lugar de ir siempre con el paso cambiado. Y salta a la vista que los tiempos del asunto “Haidar”, que ya ha cruzado fronteras hasta llegar a la Casa Blanca, los está manejando Marruecos y no España. De momento, el resultado de la crisis abierta por la activista saharaui es toda una incógnita, pero no cabe duda de que la imagen de la cancillería española ha vuelto a quedar nuevamente en una situación comprometida. En manos de Moratinos y Zapatero está el recuperarla, aunque sea mínimamente.
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