El secretario de Estado adjunto para América Latina de Estados Unidos, Arturo Velenzuela, se dio un periplo diplomático por Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay con el propósito de instar el acercamiento entre la potencia norteamericana con el hemisferio sur. Una relación que se ha visto deteriorada en los últimos meses, a causa de la crisis política hondureña, el convenio militar entre Washington y Bogotá, y el asentamiento de Irán en la región.
No es novedad que la administración del presidente,
Barack Obama, haya vuelto a poner en la agenda de Estado, el restablecimiento de los lazos entre
EEUU y América Latina. Y es que durante el Gobierno de George W. Bush, el diálogo entre el gigante del norte con sus vecinos latinoamericanos, quedó absolutamente relegado a un segundo plano, un factor que contribuyó a la polarización y radicalización política de la región, dando cabida a que intereses ajenos a la historia y la naturaleza diplomática del hemisferio entraran en juego.
La profundización del sentimiento
anti estadounidense y el acercamiento con Irán, ha despertado la alarma en Washington que ha tenido que poner sus ojos sobre su “patio trasero”, para convertirlo en una de las tareas pendientes y por demás, prioritarias dentro de su apretada agenda internacional.
Es por ello que uno de los hombres claves para resolver este tinglado, el secretario de Estado adjunto para América Latina de Estados Unidos,
Arturo Velenzuela, se pasó esta semana por
Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay,-países que aún sostienen una relación cordial con EEUU-, para aclarar la postura de su Gobierno en temas controvertidos para la región como el caso de Honduras, la sesión de seis bases militares colombianas al Ejército norteamericano o el que más le concierne a Washington: la cada vez más consolidada presencia de Irán en América.
El objetivo de este viaje, según el gobierno norteamericano, es continuar con la nueva dinámica diplomática que Obama inició en la Cumbre de las Américas, celebrada el pasado mes de abril en Trinidad y Tobago, la cual insta a mejorar el tono y el diálogo entre EEUU y el resto de los países de la región,
siendo Sudamérica uno de los objetivos más complejos y sensibles de atender. Razón por la cual, la visita de Valenzuela, resulta interesante de ser analizada, ya que es en este lado del hemisferio, donde los procesos de polarización y radicalización regional se están incubando.
Brasil fue el punto de partida de esta gira y uno de los destinos estratégicos de la misma, tanto por la influencia que ha adquirido dentro del puzzle americano como su participación en la crisis hondureña. El Ejecutivo de Luiz Inácio Lula da Silva resulta una pieza clave que puede contribuir con el equilibrio regional. No sólo se esta convirtiendo en un buen aliado de Estados Unidos, sino que sus buenas relaciones con el eje de los países del ALBA, sobre todo con Venezuela, pueden ayudar a frenar el discurso de una especie de
Guerra Fría bolivariana que cada vez conquista nuevos espacios políticos a escala continental.
Entre tanto que con Argentina, EEUU presenta una relación ambivalente, que roza en lo agridulce, marcada más por las diferencias que actualmente separan a estos dos países que por las similitudes que los une. Con su paso por Buenos Aires, Valenzuela ha buscado acercar posturas, pero ocurrió lo contrario. Las afirmaciones del subsecretario para asuntos latinoamericanos sobre la preocupación que genera en el sector empresarial la ausencia de una de seguridad jurídica en el país, desencadenó fuertes críticas por parte del
Ejecutivo de Cristina Fernández de Kirchner. El ministro de Interior argentino, Florencio Randazzo, rechazó tales declaraciones asegundando que existe plena garantía institucional y jurídica por parte del Estado. No obstante, la nota amarga la dio el ex presidente, Néstor Kirchner, acusando a Valenzuela de pertenecer a un grupo que intenta imponer un “modelo neoliberal” que daña a la región.
Uruguay y Paraguay, han supuesto los únicos encuentros de primer nivel que ha sostenido Arturo Valenzuela a lo largo de su gira suramericana. Tanto el presidente electo de Uruguay,
el ex tumaparo, José Mujica, como el mandatario paraguayo, Fernando Lugo se reunieron personalmente con el subsecretario estadounidense para América Latina, algo que no ocurrió en Brasil ni en Argentina, donde tanto Lula como Fernández no se entrevistaron con el diplomático estadounidense. La visita de Valenzuela a Uruguay estuvo precedida por la expectativa que general el gobernante electo en Washington, debido al paralelismo que puede presentar con su
homólogo venezolano Hugo Chávez.
Pero Valenzuela se mostró cauto y expresó que existen claras diferencias entre sendos mandatarios y ha aplaudido el camino que ha transitado ese país en cuanto al desarrollo comercial y económico. No cabe duda, que esta primera ronda de contacto, tuvo como propósito medir a quien podría convertirse en el tercer aliado de Chávez en el
Cono Sur.
Es indiscutible que la obamamanía o el
affai de América Latina con Barack Obama se está enfriando. Un desamor que si bien, podría decirse que ha tenido sus orígenes en la polémica de las bases estadounideses en Colombia, así como las diferencias en cuanto al manejo de la crisis en Honduras, lo cierto, es que es el resultado de la acumulación de muchas materias pendientes que la potencia norteamericana tiene con el hemisferio. Una región cuyos países cada vez dan señales de que también quieren poner sobre las mesa,
sus propias reglas dentro del juego.