Más de 73 años después de su fusilamiento, el 18 de agosto de 1936, y tras casi dos meses de excavaciones en la Fuente Grande de Alfácar (Granada) sin aparecer ningún resto, el lugar de enterramiento de García Lorca sigue siendo un enigma. Su familia se ha opuesto reiteradamente a la búsqueda, argumentando que no querer abrir la fosa no significa no querer saber. Afirmaban que no deseaban que la exhumación se convirtiera en un espectáculo mediático. Por el contrario, el hispanista y especialista en el autor de "Romancero Gitano", Ian Gibson, siempre se ha mostrado partidario de la recuperación de sus restos, por considerar que "debería ser una cuestión de Estado".
Federico García Lorca, poeta destacado de la
Generación del 27, se ha convertido en un símbolo de las víctimas de la Guerra Civil, pero la localización exacta de su enterramiento y la recuperación de sus restos ha sido fuente de polémica desde que se planteó esta posibilidad.
Los trabajos de excavación para descubrir el enterramiento comenzaron el
29 de octubre de 2009, por decisión de la Junta de Andalucía, tras la petición cursada por los familiares de tres de los fusilados y enterrados supuestamente en la misma fosa común que el poeta: el banderillero
Francisco Galadí, el inspector
Fermín Roldán y el restaurador
Miguel Cobo.
Además, se tuvo en cuenta la solicitud hecha por la CGT en memoria del también banderillero
Joaquín Arcollas, que se encontraría en el mismo lugar.
Las excavaciones de la seis posibles fosas se sitúan en la
Fuente Grande de Alfacar, en Granada, lugar señalado, entre otros, por Gibson, después de que durante años se pensara que el poeta estaba enterrado en el barranco de Víznar.
La fuente principal de Gibson fue el enterrador
Manuel Castilla, conocido como "Manolo el Comunista". Sin embargo, un amigo del enterrador ha afirmado que Castilla "
le tomó el pelo al guiri" y que en realidad no se acordaba de dónde estaba enterrado.
Otros investigadores como
Gabriel Pozo sostienen también que, años más tarde, Manuel Castilla se desdijo y afirmó que llegó tres días después de los hechos, por lo que ni vio a Lorca ni participó en su enterramiento.
Gabriel Pozo cree que Lorca fue enterrado en la
zona del Caracolar, próxima a la Fuente Grande de Alfacar donde se le ha estado buscando, y después desenterrado y trasladado a otro lugar para ocultar pruebas de su muerte ante los reproches que comenzaron a llegar desde el extranjero.
La tesis de este investigador, expuesta en su libro
Lorca, el último paseo, es que el cadáver del poeta está en alguna fosa común sin determinar.
En este libro, publicado hace unos días, Pozo recoge también el testimonio póstumo, inédito hasta ahora, de la actriz
Enma Penella, hija de Ramón Ruiz Alonso, quien supuestamente detuvo a Lorca en casa de los Rosales. Según Penella, el delator del poeta fue el hijo mayor de esta familia.
Los trabajos infructuosos llevados a cabo en Alfacar hacen dudar de la veracidad de los datos manejados hasta ahora por el historiador irlandés/español.
Sin embargo, Gibson, que ha dedicado 45 años de su vida a la investigación sobre Lorca y a determinar el lugar de su enterramiento, reafirmaba el pasado miércoles, en una entrevista en el diario
El País, su convicción de que si el poeta no aparecía donde se le estaba buscando se encontraría muy cerca, por lo que creía que habría que seguir insistiendo.
Además, hay otros investigadores que defienden tesis diferentes. Es el caso de
Fernando Guijarro, que mantiene que la familia desenterró el cadáver tras pagar una fuerte suma como rescate y que podría estar enterrado en la
finca familiar Huerta de San Vicente.
La falta de resultados constatada ahora mantiene la incógnita sobre el lugar de enterramiento de uno de los poetas más conocidos y queridos de España y sobre el destino de las personas que la noche del 18 de agosto de 1936 corrieron su misma suerte (Galadí, Roldán, Cobo, Arcollas y el maestro republicano Dióscoro Galindo).