Andrea Donofrio | Sábado 01 de marzo de 2008
Con el arrancar de la campaña electoral, Italia parece arrinconar uno de sus mayores problemas, prefiriendo discutir de votos, alianzas y cambios económicos: la llamada “emergencia basura”. El problema aún no ha sido solucionado: al contrario, montañas de desperdicios se acumulan en las calles de Nápoles, donde se pueden distinguir decoraciones navideñas y máscaras de cartón de Halloween, restos de comida y diarios viejos. Los periódicos nacionales e internacionales han descrito la acumulación de toneladas de basura en Campania como una emergencia, causada por el cierre de varios vertederos obsoletos sin que se hayan construido otros nuevos. Algunos más cuidados han preferido acompañar la palabra emergencia con crónica o cíclica, estimándolo como un fenómeno habitual, inveterado y que viene de tiempo atrás. Pese a la validez de estos adjetivos, el problema está en el sujeto: según el diccionario, una emergencia es un "accidente que sobreviene, que emerge de forma imprevista; o una situación de peligro o desastre que requiere una acción inmediata". Pues así conceptos como temporalidad e inmediatez serían algo relativo.
La emergencia en cuestión se remonta al menos de 35 años y precisamente a Ley 23/1973 de “Financiaciones regionales para la construcción, la ampliación y la finalización de instalaciones para el procesamiento de residuos sólidos urbanos”. La ley estaba motivada por las toneladas de inmundicia que atestaban las calles de Nápoles, con el consecuente estallido del cólera. "Déjà vu" excepto el cólera (¡hasta ahora!).
Desde entonces han pasado 5 presidentes de la República, 9 legislaturas, nada más que 29 gobiernos y un número impresionante de comisarios extraordinarios para gestionar esta situación. Eso no ha impedido que Nápoles, capital de la provincia, se haya convertido en un vertedero a cielo abierto, y que sus habitantes se sientan amenazados nuevamente por el cólera, inquietud alimentada por el hecho que fue la última ciudad europea que padeció esta epidemia en 1873. El sistema cíclicamente se colapsa, convirtiendo en normalidad lo que desde hace años sigue siendo lo extraordinario. A pesar de la reacción de los políticos locales y nacionales, no hay ninguna sorpresa. Como tampoco parecen nuevas las causas: una combinación de mala gestión administrativa y de interferencia de la Camorra, organización criminal local que se lucra con la eliminación ilegal de residuos industriales y urbanos. La incapacidad de crear nuevas instalaciones para gestionar la basura parece debida a la resistencia de los municipios a albergar vertederos e incineradoras (sólo Campania y Sicilia siguen sin un termo-valorizador) y a los intereses de la mafia local que impide nuevas construcciones: los clanes han podido convertir la provincia de Nápoles en el mayor vertedero ilegal de residuos tóxicos de Europa (desechos y productos químicos provenientes del Norte Italia, de Suiza y de Alemania), camuflando inmundicia en canteras o fosas ilegales cavadas junto a campos labrados.
De esta forma, la Camorra se beneficia de los fondos estatales y europeos para el procesamiento de la basura "legal" y de la venta "de espacio ilegales" para el procesamiento de desechos tóxicos y residuos industriales (frente al coste de 30-60 centavos por kilo, la Camorra ofrece un precio imbatible: 10 centavos): en ambos casos, se "limita" a quemarlos o enterrar todo. Según Legambiente, en los últimos 10 años la Camorra ha ganado alrededor de 132.000 millones de euros solo con el tratamiento de basura (un 13 por ciento de sus ingresos según Pierluigi Vigna, responsable de la Comisión Nacional Antimafia). El problema de la inmundicia representa también un alarma sanitaria: según la Organización Mundial de la Salud, la tasa de tumores en la región (especialmente de páncreas y de pulmón) es el 12 por ciento más alta que en todo el país. Y también ha causado un grave daño a la imagen de Nápoles: millonarias pérdidas en el sector turístico (ha disminuido un 15 por ciento por lo que va del año), reservas para hoteles y tour cancelados, tiendas del norte de Italia que ya empiezan a colocar carteles en los que se asegura que no se venden productos provenientes de Campania.
Nápoles sigue siendo una de las ciudades más bellas, emblemáticas y problemáticas de Italia donde sus problemas son la suma de varios factores: en primer lugar la fragilidad institucional que afecta al "Mezzogiorno", donde la gente tiene la percepción que la política nacional haya "abdicado", dejando que sus competencias sean desenvueltas por organizaciones criminales locales; gestiones extraordinarias que se convierten en la norma, poderes excepcionales que llegan a ser corrientes complaciendo todos y contribuyendo al déficit de credibilidad; corrupción y colusión como términos más utilizados para describir esta crisis. La presencia de la Camorra no justifica las culpas de un estado propenso a eludir sus responsabilidades: la combinación de incompetencia política, corrupción y crimen organizado ha determinado la dramática situación del sur de Italia. La política resulta responsable de no haber ejecutado una gestión trasparente y eficiente, dejando el paso a las organizaciones criminales. Mientras el gobierno sigue ofreciendo únicamente soluciones paliativas, Nápoles necesita decisiones fuertes que atajen de raíz el mayor problema de esta zona de Italia: el control de la Camorra. El temor de que pueda ser sólo un argumento electoral asusta a los napolitanos: ayer preocupaba el Vesubio, hoy una explosión de dioxina del subsuelo. La inmundicia parece un gran negocio: no cabe duda que "la basura es oro: ganan todos".
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